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Crisis del sistema escolar<br>EL DIAGNÓSTICO DE LOS MAESTROS PDF Imprimir E-mail
Jueves, 08 de Junio de 2006 04:45

Hace rato ya que el "tema" de la educación huele a podrido. Los amenazantes nubarrones así lo precisaban, reclamando con urgencia la necesidad de saldar la "gran deuda", acabar de una vez con la desigualdad e inyectar recursos y más recursos. Y no es que no se haya hecho nada, pero de la mano -o de los pies, más bien- de los miles de alumnos que marcharon pacíficamente por el país, comprobamos que lo avanzado no ha sido suficiente ni menos fundamental.

Al parecer Hugo Montes tiene razón cuando señala que llevamos más de 40 años apostando a mejorar la cantidad (de escuelas, universidades, años de enseñanza, recursos, etc), pero nos falta preguntarnos qué tipo de ser humano queremos educar. Visión y misión. Tomarse el tema en serio y con amor. Valdría entonces recordar a Gabriela Mistral cuando en su decálogo del buen maestro, advirtió "si no puedes amar mucho, no enseñes a niños".

Tres premios nacionales de Educación entregaron sus visiones: Hugo Montes, Gabriel Castillo y Fernando Gutiérrez.
Qué falta, dónde comenzar a remendar, qué se requiere para que de una vez por todas, eduquemos y dignifiquemos a profesores y alumnos.


Hugo Montes: Volver la mirada al currículum


Algo que destaca positivamente el abogado, profesor, doctor en filosofía románica, fundador y rector del colegio San Esteban, Hugo Montes, es que contando a Frei Montalva, llevamos más de 40 años de reformas educacionales y esto, según él, demuestra la insistente preocupación que ha manifestado nuestro país por la enseñanza. Sobre todo, si se tiene en cuenta que gracias a las diferentes reformas que se implementaron a partir de Frei M., el gobierno militar y los últimos tres gobiernos de la Concertación, se ha logrado duplicar la cobertura de la educación parvularia, construir más escuelas, liceos y universidades, capacitar a profesores en ejercicio y mejorar la preparación de los futuros, aumentar la enseñanza del inglés, disminuir la deserción escolar y proyectar la obligatoriedad de la enseñanza hasta cuarto medio, entre otras.

Numerables cambios cualitativos que sin duda han otorgado más equidad a la educación. El gran pero, dice Montes, es que ésta no ha mejorado y los resultados en pruebas nacionales o ranking extranjeros son desastrosos. Los alumnos hoy día salen de cuarto medio sin saber las cuatro operaciones lingüísticas básicas: Escuchar, hablar (el vocabulario se ha restringido al máximo), leer (lo hacen sin entender) y escribir. También, asegura, han perdido el dominio instrumental de las matemáticas, además de manifestar una generalizada ignorancia que, para el Premio Nacional, es vergonzosa: "Universitarios que piensan que Ercilla es una revista y nunca tuvieron ni de cerca la Araucana para hojearla, saber de qué se trataba y que forma parte de nuestra historia".

Por eso, señala, es que en vez de seguir buscando las causas del estancamiento educacional en aquellas falencias que todos conocen, a saber, las diferencias socioeconómicas del alumnado, deficiencias tecnológicas de determinadas escuelas, número de alumnos por curso o la incompetencia de algunos profesores, propone volver la mirada al currículum que se está impartiendo en básica y media. Lo que aprenden nuestros estudiantes.

Según él, los programas de estudios que hoy circulan en las escuelas fueron impuestos por el ministerio de la época (1998) de la noche a la mañana a los profesores sin mayor consulta a las facultades formadoras de docentes. Conclusión: los educativos encargados de llevar a cabo la reforma no pudieron colaborar con ella, no porque no quisieran o les faltara compromiso, sino porque no estaban preparados para, puntualiza, seguir "los nuevos objetivos fundamentales y contenidos mínimos". Programas que, según Montes, fueron formulados en términos de "conocimientos" y no de "sabiduría" y que de "mínimos" tienen poco, pues contienen un exceso de materias, muy desordenadas, inadecuadamente presentadas, sin orden cronológico ni lógico ni principio ordenador y, por si fuera poco, con una nomenclatura cursi, siútica e innecesariamente abstrusa ("no confundir el eje paradigmático con el eje parasintalagmático").

En ese contexto, señala, es fácil que los estudiantes se pierdan y los profesores también. Con el agravante de las evaluaciones nacionales obligatorias (Simce y PSU), que apuntan más que nada al control de los contenidos que al logro de objetivos, inyectan presión y ansiedad al ambiente, pues los profesores están más preocupados de "pasar" la materia que de "educar" a sus alumnos.

Por eso cree necesario repensar el currículum, señalar objetivos precisos y cabalmente fundamentales, así como contenidos realmente mínimos, dado su carácter de obligatorio, y adecuadamente concatenados, de modo que se relacionaran entre sí de nivel en nivel, permitiendo una mejor recepción de los estudiantes. Además de ser flexibles o adaptables al alumnado diverso del país y a la realidad misma de los cursos y, si es posible, hasta de los individuos.

En definitiva, más educación y menos instrucción, pues no conviene olvidar que se trata del desarrollo de la "persona plena" que es mucho más que puro intelecto.

Por eso mismo, la formación de los docentes, aclara, no puede estar supeditada al programa educativo de un gobierno u otro, sino más bien plantearse en términos más humanos y menos pragmáticos, de tal modo que se relacionen con aquello que tienen que aplicar, pero al mismo tiempo, tenga un fundamento humano científico. En ese sentido le parece indispensable promover los estudios superiores de educación propiamente tal, porque hasta el momento, los doctorados de educación escasean. Asímismo, considera oportuno repensar el Estatuto Docente, en cuanto ha otorgado prácticamente inamovilidad a los profesores y eso atenta contra los incentivos de una buena educación. Y en la misma línea, le parece indispensable repensar la municipalización, reforma que se llevó a cabo durante el gobierno militar, y que aunque concuerde con su fundamento (descentralizar), las realidades socioeconómicas y culturales de los municipios muchas veces atentan contra la calidad educativa e impiden dar la educación que los alumnos merecen.



MAS DISCIPLINA Y EVALUACIÓN DOCENTE

FERNANDO GUTIÉRREZ
Premio Nacional 2005

Convencido de la necesidad de hacer una profunda evaluación y diagnóstico de la educación en Chile, el profesor Fernando Gutiérrez, miembro del Consejo Consultivo del programa Chile Califica y coordinador del Centro de Estudios de Orientación que elabora documentación para el tratamiento de objetivos fundamentales transversales en los establecimientos educacionales del país, cree que para acortar la brecha entre las escuelas públicas y privadas se requiere un cambio social mayor.

Este cambio trasciende a la pura educación, pues Gutiérrez considera que si bien existen muchas escuelas que trabajan con demasiados alumnos por clase, pocos recursos y otros problemas, no es menor el número de estudiantes que asisten a ellas sin tener cubiertas siquiera sus necesidades básicas de afecto y desarrollo físico.

Concuerda en la necesidad de modificar la LOCE para que se declare prioritario el derecho a la educación, asimismo, considera que la Jornada Escolar Completa (JEC) debería estar enfocada a la formación integral de los estudiantes, incorporando la educación valórica, el desarrollo de conductas éticas y socioafectivas de los alumnos, y no a que sea más de lo mismo. Porque si hay una crítica que hace al sistema educativo es el poco compromiso que existe con este tipo de formación, además del inadecuado manejo de conceptos básicos como disciplina, convivencia, estudiante, rol docente, estudio, entre otros.

En este esquema, le parece de primera importancia la evaluación docente, siempre que esté destinada a mejorar el proceso educativo, se entiende, entregando conclusiones que permitan corregir los malos resultados, identificar necesidades, motivar a los profesores, constatar la eficacia de los métodos y recursos, además de mejorar la relación alumno y profesor y diagnosticar niveles de desarrollo del alumnado. En especial, porque para las precarias condiciones en que trabajan muchos docentes del país, en general, han demostrado un alto grado de compromiso y apertura hacia la educación.

Por eso, el profesor Gutiérrez piensa que también deberían asumir parte de su responsabilidad los centros de formación para docentes e institutos pedagógicos. La idea es ir permitiendo mayor desarrollo de la vocación, comprensión e identificación del rol como "educadores" de personas y no como meros transmisores de conocimientos.


ANTICIPAR UNA SOCIEDAD MAS JUSTA

Gabrel Castillo, Premio Nacional 1997

No está interesado en entrar en el detalle ni la contingencia estudiantil porque al fin y al cabo, dice, éstas son situaciones transitorias. En cambio, Gabriel Castillo, profesor y jefe del Proyecto "Escuelas de Anticipación a través de Guías de Aprendizaje", que se realiza en 220 escuelas y liceos de todo el país, prefiere hablar en términos de qué estamos haciendo para construir una sociedad más justa dentro de un espacio, como la escuela. Castillo sostiene que existen carencias que podrían ser solventadas si el profesorado estuviese más enfocado al "aprendizaje" que a la "enseñanza". Es decir, que en vez de preocuparse únicamente por cumplir con los programas educativos, como se hecho hasta ahora, hubiese tiempo para observar a cada alumno en particular y descubrir su propia forma de "aprender". Pues si ha habido un error, asegura, ha sido el de mirar a los alumnos por igual y clasificarlos en términos de mercado: alto rendimiento, medio o bajo. No se ha tenido en cuenta que todos son dignos de aprendizaje, que algunos corren, caminan o cojean, pero que si se los acompaña y guía todos son capaces de llegar a la meta.

Castillo señala que no se puede perder de vista que la escuela es un instrumento entre muchos otros que ayuda a formar a los niños, porque la verdadera educación es responsabilidad de la sociedad. Algo así como dime a qué sociedad perteneces y te diré quién eres. En ese sentido, está convencido de que para obtener la educación básica de todos los niños, nuestra sociedad necesita asumir dos tareas fundamentales. La primera es asegurar que todos los alumnos cuenten con las mismas "oportunidades" para aprender. Lo cual supone contar con el hecho de que en un curso de 30 o 40 habrá quienes necesiten mayor refuerzo que otros. La segunda es levantar en cada comunidad ámbitos de educación con los que los padres y niños puedan interaccionar antes de que ellos lleguen a las escuelas, porque el problema es que los niños llegan a ellas a la edad de 6 años y para muchos eso es tarde, pues especialmente los niños en riesgo social o de extrema pobreza ya han sido formados en la inseguridad.

Castillo puntualiza que en la escuela básica los aprendizajes deben ser fundamentales y no secundarios, de ahí que muchas veces los niños sepan realizar cálculos aritméticos pero no tienen idea cuándo ni para qué realizarlos; o bien, saben clasificar, desde nomenclaturas diversas, un texto escrito, pero no logran entender lo que dice el texto.

El Mercurio