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Presidenciales 2017: La batalla del conformismo o “mal menor” PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 15 de Febrero de 2017 15:21
Las encuestas lo evidencian y las elecciones lo han confirmado. Las chilenas y chilenos están no sólo hastiados de los políticos, diferente a la política en cuanto al ejercicio de la misma, y eso se traduce en alta desafección y apatía.
 Lo anterior, dicho sea de paso, refrendado en el voto voluntario donde la coerción que existía (obligatoriedad) nos demuestra que la gente, más veces de las que uno quisiera, no tenía la menor idea de por quién votar, menos de conocer el programa o las ideas de gobierno del candidato de turno: la cuestión era darse el trabajo, inherente al tedio de la acción en sí misma, de ir a votar para evitar algún tipo de sanción o multa. Cierto, muchos pensamos que el voto voluntario cumple a cabalidad el principio básico de la libertad que conlleva ejercer un derecho, pero poco o nada nos referimos a la madurez cívica del deber, ese que brilla por su ausencia que las encuestas no miden ni reflejan.

En este escenario basta de seguir tapando el sol con un dedo y hablamos las cosas tal y como son más aún en un contexto que tiene en vilo a partidos políticos ad portas de su extinción por no lograr cumplir las cuotas mínimas requeridas en el refichaje de militantes siendo, puntualmente, los casos del PPD y el PRSD son los más críticos no por su historia ni la orfandad de sus bases, sino porque sus potenciales cartas presidenciales (Lagos y Guillier) podrían quedarse con las ganas salvo que la DC, actualmente dividida en tres almas (Lagos, Guillier y Goic) diga lo contrario con los pros y contras que conlleva una actitud bisagra ante el poder. Por otro lado, en la vereda derecha, vemos que el candidato y expresidente Piñera, si bien lidera todos los sondeos, no logra despegarse del 24 por ciento que, a estas alturas, se ha convertido en una especie de techo donde, de acuerdo a los analistas, podría subir aún 6 puntos logrando el 30 por ciento de respaldo algo que, y bien lo saben en el Piñerismo, no basta para retornar al poder. Por otro lado, y en virtud de la magra experiencia en este segundo mandato de Bachelet, son varias las voces que coinciden en que el país no debiera retornar “a la casa de los papás y las mamás” aludiendo a que no todas las “segundas partes” son siempre buenas, pero ni modo. Eso es algo que deberán definir las chilenas y chilenos en las urnas más allá de los fanatismos propios de las barras bravas, que no alcanzan los dos de frente, existentes en la política criolla.

Con todo el gran ganador de esta trifulca presidencial pareciera ser el actual senador por Antofagasta, y que no soltará su escaño bajo ningún punto de vista salvo que tenga firme el sillón de O’Higgins, Alejandro Guillier. Este último, navegando tranquilamente en el mar de la ambigüedad, ha logrado aumentar paulatinamente su intención de voto alcanzado al otrora caballo ganador. En la hípica a esto se le conoce como “caballa pillado, caballo alcanzando” y, créame, es mucho más entretenido ver la pista de carreras en el Hipódromo o el Club Hípico que tener que ir a votar un día domingo
Ahora, lo interesante de Guillier, es que aún cuando no se le conoce propuesta alguna de gobierno y sus ideas tambalean acorde a la audiencia el personaje político ha logrado subir e infundir temor en los referentes del partido del orden, entiéndase Lagos, Insulza, etc. Y es que probablemente, en el caso de los militantes y funcionarios públicos de la Nueva Mayoría, lo que ven en Guillier no es el líder que logrará sacar adelante al país sino quien les podrá asegurar sus empleos públicos, robustas remuneraciones mediante, por los próximos cuatro años. En contrapartida, desde Chile Vamos además de seguir dando vueltas en círculo a la espera que el gran líder confirme su opción presidencial, se comienzan a esbozar incesantes llamados a la unidad del sector que, en buen chileno, implica que tanto Ossandón como Kast junior no cacareen más de la cuenta. Lo anterior en un escenario presidencial que aún no contempla apellidos insignes e ilustres tales como Parisi, Jocelyn Holt, Sfeir, Claude, Miranda y tanto otros que podrán surgir de cualquier lado. De hecho, y a raíz de la polémica suscitada con los incendios forestales y el Super Tanker, un grupo de proactivos compatriotas comenzó a enarbolar las banderas para una posible aventura presidencial de la psicóloga y filántropa chilena Lucy Ana Avilés. Sí, la misma arremetió con todo contra la incompetencia del gobierno, que les las arregló y gestionó para la llegada del super avión y que luego, propio del pago de Chile, fue vilipendiada a rabiar por los talibanes de las redes sociales encontrando consuelo y apoyo en otro eterno aspirante del pueblo a La Moneda como es Leonardo Farkas.

Convengamos que, a estas alturas y en alusión a Optimus Prime, hasta el Super Tanker o Ilyushin (también conocido como “El Luchín”) podrían obtener votos, incluso superar el mítico 0,19 por ciento de Tomás Jocelyn-Holt en la primera vuelta del año 2013.

Con todo, y de acuerdo a la percepción no sólo de las encuestas sino de la calle, la verdad es que las chilenas y chilenos no tenemos un candidato o figura a la presidencia que nos convenza porque, a la postre, todos han terminado demostrado (por más que lo nieguen) que son todos más de lo mismo. De hecho, en la reciente encuesta CADEM, el Congreso obtiene un histórico 82% de desaprobación logrando el último lugar en el ranking institucional. Pero, y más allá o no creer, lo cierto es que alguien tendrá o deberá gobernar este país y esa persona no llegará sola o por sus méritos a La Moneda, sino que lo hará porque nosotros, los votantes, deberemos concurrir nuevamente a las urnas el próximo 19 de noviembre para elegir no sólo presidente sino también parlamentarios y gobernadores regionales.

Probablemente ninguno nos convence, nos persuade ni nos asegura una mejor calidad de vida. No cabe duda que, lamentablemente, tendremos que elegir entre el “mal menor”, “los que roben menos”, etc. Un escenario conformista y mediocre que de seguro Chile no se merece, pero que algunos se han esmerado en sembrar y refrendar. La realidad es cruda, probablemente usted no esté de acuerdo pero, al igual que el presente texto y pensando en el estado del arte de la política nacional y su relación con la comunidad, asumámoslo: “Es lo que hay”.
 
Rodrigo Durán Guzmán