Recibí un correo interno vía Internet de mi amigo de infancia, Homero Altamirano. Antes de leerlo ya se me vino de inmediato a la memoria lo que era común en los cabros chicos que lo conocíamos..., aquella frase famosa: "Puta el Home", es que Homero era realmente re-diablo. En su e-mail él me decía: - Leí la mención que hiciste en tu crónica del FuerteTucapel (Génesis de la reconstrucción), publicada en Lanalhue Noticias, Y quería agradecerte haber recordado y nombrado a mi padre; quiero que sepas que ese señor que mencionas y que lo acompañaba era ni más ni menos que PABLO NERUDA, quién vino ese año 1956 - 57 a Cañete y estuvo en mi casa.  
Para quien no recuerda la crónica , Yo decía allí que ese año y siendo Yo un niño, había escuchado a dos señores conversar del Fuerte (en el Fuerte), y que lo hacían con cierta rabia, resquemor y un poco de indignación (se referían al poco caso con la cuestión histórica y con que apenas hayan hecho un foso en 1954 ). Al papá de Homero yo lo conocía, al otro señor, no..., y ahora supe después de casi 50 años que era el poeta mayor. 
Pero llegó 1967 y yo era alumno de la Escuela de Teatro de la U. de Chile, allí se estaba ensayando en el teatro Antonio Varas (Morandé con Alameda), la única obra teatral de Neruda : "Fulgor y muerte de Joaquín Murieta". Yo como alumno podía ir todas las noches a los ensayos y cuando faltaban extras entrábamos al palco a cubrir los que habían faltado (claro, con la esperanza de que nos dejaran)..., permítanme apartarme un segundo del tema. 
Teníamos esa esperanza porque un año antes otro cañetino (El negro Muñoz, hoy profesor jubilado), tuvo la honra de representar un personaje en ese mismo teatro, en la obra "Marat Sade", el Negro (Haroldo), dejó su marca fuertemente registrada pues en los diarios elogiaron su actuación y salió su fotografía actuando en la obra y en los carteles de propaganda. Por esa razón y queriendo seguir los pasos del profesor Muñoz, todas las noches llegábamos a "mostrar", nuestra presencia con la esperanza de ser llamados. 
Allí conocí al poeta, conversamos en grupos durante más de 15 días, fueron muchos los temas (nunca de política), él era un gran charlador; me llamaba mucho la atención su baja estatura, su gordura, su voz monótona (pareja, sin altos y bajos y media nasal), y claro, su infaltable gorro y bufanda en el invierno Santiaguino... 
Yo me preguntaba mentalmente, cómo ese hombre tan común podía ser el gran y famoso Neruda, amigo de García Lorca, de Jorge Amado y de toda la nata de la intelectualidad mundial. Llegó el fatídico septiembre de 1973 y vino a fallecer talvez antes de lo ya esperado (tenía un cáncer avanzado) y agravado por la angustia y la depresión que lo acompañó en sus últimos días. 
Fui al cementerio general el día de su entierro, sus amigos del partido comunista enfrentaron con gran coraje a la policía secreta que allí estaba en forma ostensiva ... ; : "Compañero Neruda..".PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE ", gritaban en coro desafiando a decenas de policías vestidos de civil y que filmaban y sacaban fotografías de los presentes (eso mismo lo vi repetirse en el entierro del ministro de defensa de Allende , José Tohá a quién también acompañé). 
Fue la deuda que pagué por la indiferencia que muchas veces tuve con nuestro gobierno popular, y por el arrepentimiento que sentía al no haberme comprometido más, luchado más. Don Neftalí Reyes , "PABLO NERUDA", Yo lo conocí y con gran humildad agradezco al destino por haberme permitido estar a su lado, y por poder ahora escribir esta crónica en el año de su centenario.