Llegamos a Cañete en septiembre de 1953 a vivir en una casa de dos pisos amarilla que era de un señor que trabajaba en BIMA ( maderera de Antihuala),  la casa estaba en las esquinas de las calles Segundo de línea esquina Esmeralda

 

(todavía está en pie y queda frente a la casa de Don Pedro Durán y la Sra. Flor Weisse); la casa era enorme, y tenía un patio que ocupaba ¼ de toda la manzanal lleno de árboles frutales de todo tipo.
Al frente vivía la Sra. María (le decíamos abuelita María), jubilada de correos; junto a ella vivía la viuda de su hijo (señora Ana), y madre de René Fuentealba y de Anita María (él hoy abogado y ella Farmacéutica).
En la otra esquina una cuadra más al norte, había un boliche grande que tenía de un cuanto hay, sobre todo los que nos gustaba a nosotros los cabros chicos, a decir : papel de volantines, cola, hilo y palos de coligue ya cortados en la medida de los volantines..., y claro, nuestro mayor sueño de consumo,” latas de leche condensada”.También en el patio de la casa de ese señor habían grandes bateas de madera donde siempre estaba lleno de botellas del tamaño de pilseners grandes, de colores café oscuro, o verdes obscuras o blancas..., las sumergían allí para sacarles el papel de las etiquetas que indicaban de qué bebida se trataba. Luego de limpias, él le metía por la garganta una especie de cepillo fino que tenía en la punta como unas mechas de escoba; así las lavaba por dentro.
Supimos que él fabricaba bebidas y dulcecitos y comenzamos a comprarle sus “ ALOJAS”, “Limonadas” y una de color rojizo que era así como es hoy la BILZ. Había otra de color amarillo pálido que no recuerdo su sabor. Don Enrique Krausse (así se llamaba), era un señor súper joven, medio rubio y extremamente jovial, de sonrisa espontánea y fácil. Tenía un hijo que se transformó en un gran amigo mío, era un poco mayor que yo; pero eso no impedía que jugáramos juntos en compañía de los hermanos Cuevas, el Pepe Rojas, los hermando  Martínez y otros. A veces íbamos en patota a ayudarles a lavar las botellas..., eso si, nunca vi. Cuando las embasaban o le colocaban las etiquetas, eso era un secreto a siete llaves..
Don Enrique pasó con el tiempo a trabajar para la familia Aguayo, quienes tenían una gran tienda y hacían compras al por mayor en Concepción, para eso tenían un camión y era Don Enrique Krausse quien trabajaba con el camión y traía las compras; también las entregaba en los boliches que les compraban a los Aguayo quienes les repasaban de sus estoques. Los Aguayo eran también los distribuidores mayoristas de algunas marcas de cigarros.
Hace unos 2 ó 3 años atrás, vi una fotografía en el sitio Huellas digitales, del actual boliche de Don Enrique, confieso que sufrí un fortísimo choque de emoción, y le rogué a Dios me permitiera verlo vivo, ya que en la materia junto a la foto externa del negocio, el reportaje decía que él estaba vivo. Como Dios ha sido en extremo generoso conmigo, el año 2008 en el mes de noviembre, fui a Cañete a juntarme a mis compañeros de escuela para visitar a Don Raúl Durán Fierro, nuestro amadísimo profesor primario, ese año cumplimos 50 años del egreso de nuestra Escuela de Hombres número 1 ( el 23 de diciembre de 1958).
Al pasar a buscar junto al Negro Cuevas (Osvaldo Cuevas Matamala con quien viajamos juntos desde Stgo), al pasar a buscar a Daniel Wolff a su taller, pasamos al frente den boliche de Don Enrique, ahí pedí unos minutos y fui al negócio que estaba abierto; subí los viejísimos peldaños de madera e ingresé al local..., había un niño tocando el mesón para que viniera alguien..., mis ojos percorrieron rápidamente todo el interior del negócio y allí no pude dejar de viajar al pasado, hay allí repartidas en forma desordenada (para mi, no para Don Enrique), toda suerte de cosas para vender..., era increíble, allí estaba yo frente a mi pasado y el lugar está igual, exactamente igual..., pero lo más espectacular, increíble, inigualable y maravilloso estaba por venir...,pasados unos minutos llegó un Sr. anciano, de terno y corbata, no me dio la mínima atención , pero si al niño que le pedía algo que no entendí (no escuché)..., ahí él me vio y me preguntó que deseaba(en cuanto el niño de decidía)..., me costó sacar el habla. 
Estaba paralizado de emoción, impávido, atontado; le dijo quien era Yo, como no demostró recordarme, le dije que había sido amigo de Omar....,, aahh, me dijo, Omar se murió en un accidente ( en verdad Yo ya sabía de eso por la boca de su nuera la Sra. Margarita que fue junto a su hijo mayor a Mairnque junto a una delegación , en uno de los viajes de intercambio), le pregunté por Ella y sus nietos, me dijo con gran lucidez que estaban en Quilpué. Me miraba queriendo reconocerme, me identifiqué con mas detalles; educadamente ( su marca mayor), me Dio a entender que se acordaba de mi y de mi familia... pero la verdad, eso no me importó nada , ni un poco, y si la emoción de verlo al frente mío, con mas de 90 años atendiendo su bolichito donde tantas veces le compré cosas de mi gusto ( la revista Paturuzito y Billiquen que creo venían de Bolivia y Argentina).
De pronto y como en un sueño, me sentí allí dentro, como si estuviese con mi mameluco de 5 bolsillos que me hacía mi madre; habían bolitas en un vidrio, eran polquitas, en otro habían bolitas de piedra, mas Allá, cola para volantín, al lado de éstas había papel para volantín e hilo para cambuchas...,en una de la repisas varias latas de leche condensada, y en las paredes ,carteles de reclame de ALIVIOL y Mejoral...., sentí vahíos de cabeza, necesitaba irme, era mucha emoción, quise besarle las manos, decirle lo cuanto su ejemplo de honestidad y buen padre, fue importante en mi vida..., le besé imaginariamente sus mejillas, y con mis ojos inundados de emoción , le dije adiós..., me miró con nostalgia( debe estar acostumbrado a que aparezcan extraños como Yo a visitarlo ,pensé).Me retiré para juntarme a mis compañeros y amigos de infancia..., nos esperaba otra fortísima emoción una cuadra mas al sur en la casa de Don Raúl.
Don Enrique, me Tomé la libertad de sacarle fotografías a usted y a su negocio, y aquí las estoy publicando. Gracias a DIOS pude verlo y conversar con usted una vez más, me convenzo cuán generosa ha sido la vida conmigo, al poder escribir de estas experiencias de vida y de lecciones que recibí de personas como usted que han sido ejemplo de vida para varias generaciones.