Sería 1958/1959. Un día desde el patio de mi casa, escuchamos música venida no sabíamos de dónde, serían las 19 ó 20 hrs. Y aún había sol porque era un día de verano (este comienzo me recuerda un poema de García Lorca: “Mi infancia son recuerdos de un patio…; yo diría : de un patio allá en Cañete).

Comí rapidamente y fui guiándome por mis oídos hasta el origen de esa música..,y claro, llegué a la plaza, específicamente al kiosco, que era de donde provenía la música. Allí habían instalados dos altoparlantes de latón de color ceniza, eran grandes y estaban amarrados con cuerdas, subiendo el kiosco, y al lado derecho ,había una mesa improvisada y un tocadiscos bien grande, y al lado, discos y más discos, de 45, 78 y pocos de 33 revoluciones…, colocando los discos y en forma extremamente seria, un joven rubio de ojos claros, bien vestido; no lo conocía ( o no había prestado atención en él), me acerqué tímida y lentamente (¿me dejaría ver de cerca?), fui llegando casi al lado de los equipos, y el joven apenas me miraba, no dijo nada, no prohibió nada, apenas me observó atento a mis reacciones y movimientos. Le pregunté no recuerdo qué…, me respondió lacónicamente, le volví a preguntar ,ahora de discos, de cantantes, respondió educadamente (para quién era pre-adolescente en esa época, será más fácil entender; en aquellos tiempos se le daba poca bola a los cabros de 12 ó 13 años), y qué raro, él me respondió, aunque en forma bien económica, pero me respondió. Ahí comenzó una amistad que yo no sabía, que un día para mí sería de tan extrema importancia. Allí el pueblo entero que vivía cerca de la plaza pudo escuchar dia tras día,en las tardes y a veces los domingos al medio dia, después de las misas de las 11 hrs. a : Brenda Lee, Paul Anka,Elvis Presley, Billy Preston, Little Richard, Billy Richard, Conny Francis, Bill Halley y sus cometas, Nico Fidenco y tantos italianos e italianas…, y decenas de otros, y claro, aquél que era mi cantante favorito y del cual sabía todas sus músicas,” ENRIQUE GUZMÁN”, un mexicano.

El joven rubio y serio, lacónico, educado, bien vestido, se llamaba HÈCTOR GUERRERO, y talvez no sabe, y ahora lo sabrá; fue de una importancia fundamental en nuestra formación, nuestra personalidad futura; fundamental para que la felicidad de nuestra adolescencia fuese mejor, más completa, más soñadora, más colorida, más alegre. Hay una frase de un Senador Brasileño (fue exilado en Chile en 1965-66) que acaba de fallecer ayer (10/5/2008), el senador se llamaba “ ARTUR DA TÀVOLA”, y él acuñó una frase que entró en mis venas y corre por mi cuerpo junto a mi sangre. .., la frase dice: Música es vida interior, y quien tiene vida interior, jamás,”JAMÁS”, padecerá de soledad (Yo agregué que: Música, así como “Poesía”, es vida interior y quien tiene vida interior, jamás padecerá de soledad). Y es aquí que interviene la verdadera importancia de Don Héctor Guerrero, mi amigo (si así él me lo permite), él nos hizo escuchar música, él nos enriqueció nuestra adolescencia y juventud, él no nos dejó nunca padecer de soledad, pues es verdad, música es vida interior, y cuántos sueños, cuántos amores platónicos, cuántos carnavales, cuántas tardes de verano fueron más felices, y completas con sus músicas tocadas en sus tocadiscos, en aquel querido kiosco de nuestro pueblo.
Volví a ver a Héctor Guerrero en varias ocasiones que volví a Cañete, y nunca le dije todo esto, ahora es la oportunidad y lo hago con gran felicidad. En 2004 (o sería 2005), en el Club Social, hubo un acto de entrega de unos cuadros, y él al saber que yo estaría allí, con una generosidad increíble llevó y tocó algunas músicas de los años '60, entre ellas una de Enrique Guzmán…, confieso que tuve que esconderme detrás de una persona, pues no pude contener las lágrimas de nostalgia. Lo volví a ver en la Plaza de Armas un año después; estaba sentado junto a mi amigo Arnoldo Muñoz ( el negro Muñoz – profesor jubilado), me detuve y me senté junto a ellos para conversar un poco…, fueron momentos únicos; él me contó que había ido a la biblioteca municipal, y allí vio un álbum con los periódicos que yo hago en Brasil, y que había leído algunas ‘ Cartas Chilenas”, que yo escribo con el pseudónimo de Eduardo Araucano. Escuchar eso me emocionó mucho y me dejó naturalmente feliz.
Amigo Héctor Guerrero, gracias por existir, por ser tan educado y caballero (no confundir serio, con terco), sus silencios y seriedad son propios de su personalidad y de su riqueza interior. Ojalá las nuevas generaciones, también sean tan bien influenciadas por sus músicas y sus equipos de sonido, que llevan alegría, información y entretenimiento a tantos y tantos que los escuchan. Que DIOS lo bendiga con mucha salud y largos años de vida.

Eduardo Sáez Maldonado ( P/E. Mis agradecimientos a la Sra. Flor Weisse por su contribución en esta crónica).