Mi madre y mi tía Celmira eran muy católicas, y desde muy niños nos enseñaron el temor a Dios, el respeto a la Iglesia Católica y sus sacerdotes; ambas nos encantaban con las historias de Cristo y del niño Jesús, a quien decían era posible ver en la luna, en los días de luna llena.

 En esos días mirábamos embelesados al cielo, y jurábamos que veíamos a San José tirando un burro que llevaba en su lomo a la Vírgen Maria y ésta en sus brazos al niño Jesús.

Cuando llegamos a Cañete en los días de Fiestas Patrias de 1953, fuimos a misa el primer domingo, el cura era un señor altísimo, corpulento, colorado, pelo blanco, de voz potente, se llamaba Enrique Ebeling (agradezco la colaboración de Don Clímaco Hermosilla pues no recordaba el nombre correcto de este señor Cura). Al terminar la misa, él se paró en la puerta de la Iglesia todavía con los ornamentos con que rezó la misa, y se despedía cordialmente de las personas llamándolas a muchas por su nombre. Al año siguiente, sería el mes de marzo o abril, llegó un curita joven, se presentó en la misa como llamándose, Eduardo Yáñez, dijo ser de la región de Rere, donde su familia tenía tierras, y que él tenía 38 años, que había estudiado en el seminario de Concepción, fue así, simple, una presentación nada formal y super liviana, casi chistosa..., era rubio y de ojos azules. Los días siguientes lo veíamos jugar a la pelota en el patio que quedaba al lado izquierdo de la Iglesia, allí se arremangaba las sotanas y jugaba fútbol con los cabros chicos, hasta más no poder. Un día domingo anunció que comenzaría el catecismo para los niños y niñas que ese año cumplirían 8 años, como era mi caso, mi madre me inscribió y comencé a frecuentar el catecismo los días sábados en la tarde, para recibir la primera comunión el dia 8 de diciembre de 1954. Como aprendí rápido, el cura me seleccionó junto a otros niños para ser acólito y ayudar en las misas del dia domingo; mi madre...aahh, mi madre no cabia de orgullo..., ella y mi tía me prepararon lar ropa para tal efecto, y así comencé a aprender Latín ; "DOMINUM BOVISCUM ??....SCUM SPIRITU TUO....AMEM...."
El cura Yáñez era muy especial, era divertido, le gustaba contar chistes de toda índole, visitaba las familias en sus casas, tomaba onces en una, almorzaba en otra, cenaba en una tercera, hacía visitas a fundos, bautizaba en misiones de lugares aislados. Era de una creatividad a toda prueba para juntar dinero, para mantener la Iglesia (techo, limpieza etc), en una oportunidad, con bombos y platillos anunció que jugaría un partido de fútbol por la Alianza, en el Estadio Municipal, y dejó entender que jugaría de pantalones cortos..., fue el mayor escándalo..., ese domingo de tarde el estadio se llenó completamente, porque el pueblo quería ver al cura jugar fútbol, y porque habían muchas apuestas que no vestiría el uniforme del club. Porqué no ? decían unos..., es hombre como todos. Cuando salió a la cancha, y para tranquilidad de las beatas, entró con la camiseta del club, pero con pantalones largos y con la sotana arremangada en la cintura. La mayor espectativa era porque en esos años su fama de mujeriego ( según se comentaba en la época), y " las malas lenguas" , querían ver sus pololas en el estadio,( según se comentaba en la época) pensamientos sucios aparte, el cura jugó un tremendo partido porque tenía una excelente condición física, y sabía jugar muy bien, siendo imbatible en los dribles( era cachañero).
Famosa fue su misa cuando presentó su motoneta Rabbit Junior, la bautizó en plena misa de las 11 del día domingo. Dejó claro que era de su propiedad particular y no de la Iglesia, y que había sido un regalo de su familia que era rica, dejó claro también que la usaría para ir a misiones en toda su circunscripción (que incluía hasta la Isla Mocha).
En una oportunidad, sería 1956, cuando me llamó después de almuerzo a la Iglesia, subimos al altillo donde estaba un órgano y donde cantaba el coro, desde allí había una escalera de unos 6 a 8 metros, que subía hasta el campanario donde habían tres campanas, a la de al medio y que era la mayo, se le había cortado el cordel como que la tocaba desde el suelo, el cura me pidió que yo me subiera a hacer de nuevo el nudo, me dijo, sube despacito, tú eres flaquito, y yo sujeto la escala desde aquí..., yo inocentemente comencé a subir de inmediato, cuando llegué al medio vi que había una añadidura con otra escala (eran dos), el cura al darse cuenta me gritó ; - No mires para abajo, ¡¡sube sin mirar para abajo!!. Subí y arreglé la cuerda cortada. Cuando bajé, vi al sacristán escondido mirando ( era de apellido Pedreros)..., sucede que en toda la semana el cura no había conseguido que el sacristán subiera, él también no lo hacía porque creía ( tenía certeza), que la escalera no resistiría su peso, el sacristán que no era tonto, pensaba lo mismo respecto a él. Después de eso, en toda procesión, el cura me hacía subir para tocar las matracas en forma ininterrupida..., era bonito ver las procesiones desde arriba, con toda la gente con velas encendidas y protegidas en cazulos de papel volantín de diversos colores.
En otra ocasión me estaba confesando y contándole pecados peliagudos, cambiando la voz para pasar de incógnito, cual no sería mi verguenza, que al terminar de contarle todas mis maldades que había cometido con una niña un poço mayor ( nada grave) me dijo : - Lalo, anda a decirle a Pedreros que prepare todo porque tendremos un bautizado esta tarde..., quería desaparecer, que la tierra me tragase..., después de eso un día entré al confesionario y pude ver que el paño negro no permitía ver desde afuera, pero sí desde adentro. ¡¡Nunca más me confesé en Cañete!!.
El diciembre de 1956 hubo confirmaciones y el cura Yañez fue mi padrino. A fines de enero de 1957 fuimos a realizar misiones a la Isla Mocha. Fuimos en una lancha a motor de Don Carlos Lacoste (el papá de Catán Lacoste), el capitán de la lancha era Yanko Curtis. En la Isla estuvimos dos semanas, nos dio cama y comida la família de Don Carlos Larronde, un Sr. Super flaco, alto, colorín, de grandes bigotes, casado com una señora morena, bajita, lindísima, y que tenían 4 hijas mujeres de más o menos mi edad, y un hijo hombre (el mayor), que estudiaba en Los Salesianos de Concepción como alumno interno.Allí realizamos más de 15 casamientos y unos 40 bautizados, ya que no llegaba un cura hasta la Isla, hacían más de 10 años.
La vuelta fue trágica, pues a la lancha se le echó a perder el motor, y se le quebró el timón al enfrentar un mar super bravo. Estuvimos a la deriva toda la tarde y la noche entera, al día siguiente de mañana, como a las 9,30 hrs. una gran ola sacó a Don Carlos Lacoste de la lancha y lo lanzó al mar. Yanko gritaba desesperado y le lanzó una tapa de la lancha primero, y luego una cuerda, posteriormente uno de los remos de reserva, pero fue inútil, la corriente se lo llevó. Cuando el mar arrojó la lancha a la playa, el cura Yáñez corrió em busca por la arena y mirando el mar, a Don Carlos, cuando lo ubicó, se lanzó a las aguas y lo sacó del mar, pero ya estaba muerto, después se comprobó que no se ahogó, si no que el corazón le falló por el gran esfuerzo (él era un hombre grande y bastante gordo). Esa tarde volvimos en la carrocería de un camión para Cañete; en un colchón y tapado con una sábana blanca, llevábamos a Don Carlos Lacoste que fue velado en la Iglesia, y el cura Yáñez hizo una misa multitudinaria, pues Don Carlos era una persona muy querida en el pueblo.
En una oportunidad, estábamos un día sábado con un bautizo programado esperando al cura Yáñez que estaba en misiones, el bautizo era como a las seis de la tarde, y era el hijo de un inquilino, cuyo padrino sería el patrón, un señor dueño de fundo, corpulento y bastante mañoso..., como el cura se atrasó, comenzó a querer irse y a despotricar. Ahí apareció el cura como una hora atrasado, entró rápido, fue a la sacristía, se colocó todos sus ornamentos y se dispuso a empezar la ceremonia..., pero el patrón hallando que le habían faltado el respeto con el atraso, lo increpó duramente, casi insolentemente. El cura se sacó todos sus ornamentos de sacerdote, lo agarró por el brazo y lo llevó hasta la vereda, y para mi espanto y el de todos allí, le dijo dedo en ristre : "Ahora no soy cura, soy un hombre igual que tú, grítame de nuevo para poder darte un par de sopapos aquí mismo..., el hombre se puso lívido, pidió disculpas, y volvimos todos adentro de la Iglesia, donde el cura "SANTAMENTE” bautizó al morochito con todas las leyes de la Iglesia.
Así era el cura Yáñez..., chistoso, valentón, mujeriego, generoso. El típico cura “ de mi pueblo, mi buen padrecito” (música de los Quincheros) Le gustaban los paseos en masa al salto de la Virgen en Huillincó, y todos los años la gente llevaba cocaví y se iba en procesión hasta ese hermoso lugar..., Sus reparticiones de Leche de CARITAS CHILE, de harina y otros alimentos que conseguía, eran de gran ayuda para los pobres. Se pasaba días y días haciendo paquetes de ½ kilo y de 1 kilo para repartir a la gente. A la entrada de la casa parroquial, había una cebra dibujada con su nombre completo.
Llegó el 21 de mayo de 1960 y en el sur de Chile hubo el mayor terremoto que enfrentó la humanidad. La Iglesia se cayó, quedó toda llena de grietas, el campanario había que derrumbarlo .Ahí alguien le dijo al cura que la campana mayor contenía oro. El cura de inmediato se las ingenió para bajarla y la mandó a fundir a Talcahuano, para la chacota del pueblo, la campana no tenía oro y el cura contaba con eso para reconstruir la Iglesia.
Fue transferido para YUMBEL, donde un año fuimos a visitarlo con mis padres (mi padre le decía, para espanto de mi mamá.., compadre barraco, ambos se reían mucho con esto, pero nunca contaron porqué).En YUMBEL vivía con su madre en la casa parroquial, su madre tenía en esa fecha unos 99 ó 100 años.
En 1980 lo ubiqué en Concepción en una Iglesita chiquitita y super pobre en el barrio PUCHACAY, al final de la Avenida. Lo encontré super acabado y viejo, pero alegre como siempre. Fui a convidarlo para ir al Brasil a realizar mi casamiento, se alegró mucho, y me dijo que sí. Por circunstancias imprevisibles no fue posible, y me casé apenas por el civil, dejando mi matrimonio por la Iglesia para realizarlo en Chile con mi padrino, no fue posible, y aún soy casado apenas por el civil, una cosa sé, aaahhh, ¡¡sí, sé!! Mi padrino, el Cura Don Eduardo Yañez, sin dudas me bendijo desde donde se encontraba, pues ya llevo 27 años de una feliz unión. Espero que desde donde se encuentre hoy, nos bendiga a todos en el nombre de Jesús, a quien hizo votos de servir de por vida.