No es tradicional homenajear a personas cuando están vivas..., yo considero esto un grave error, me parece que cuando se quiere a alguien, cuando se le admira en mayor o menor medida, es necesario que la persona lo sepa, que la comunidad lo sepa; que él en vida sienta que su paso por aquí fue especial para muchos (no apenas para su familia), y sí para una colectividad, una ciudad, una época.

Mis primeras letras las aprendí  en el jardín infantil de la escuela de monjas (mixta), Marina Gaete de Arauco. Mi primera profesora primaria fue la hija de mi padrino de nacimiento Don Pedro Iglesias, de Arauco. Era una escuelita de una sola clase con poquísimos alumnos y que funcionaba en la Iglesia Católica de Arauco (frente a la plaza..., la misma que hoy conserva su torre después de que el resto cayó en el terremoto de 1960). No sé  porqué esa escuelita  terminó y me mandaron a la Escuela  primaria de hombres de Arauco, al lado del cerro donde queda la cueva de los Benavides y al lado del Liceo (de esa época). Llegué al primer año, mi profesora era una señora de edad que se vestía de negro y hacía crochet en la clase. Ella era una excelente maestra y nos enseñó a leer y a escribir..., también nos enseñó poesías de Gabriela Mistral : - Madre , cuando sea grande, hay que niño el que tendrás, te levantaré en los brazos .....había otra que decía : Qué linda en la rama , la fruta se ve, si lanzo una piedra , tendrá que caer...... Recuerdo a compañeros de mi hermano mayor que era famosísimo en la escuela porque era un gran atleta, además era colorín, inquieto, nervioso, peleador etc., su  sobrenombre era “El Tintica” ( es un pajarito que salta de rama en rama parecido al picaflor), por ese motivo a mí me decían  “El Tintica Chico”. Habían en esa escuela varios alumnos famosos..., estaba  “El carne humana”, una especie de  “Puta el hombre...” de Cañete (hiper - populares y alumnos destacados), siempre recitaba una poesía que hacía reír a todos : - Díjole el hombre a la mona, con furia extraordinaria, eres fea y hocicona, ridícula y ordinaria, cuando te veo ,cuánto me río, pero la mona le dijo, creo que nos parecemos tanto. Salí de la escuela de Arauco en los días de las Fiestas Patrias de 1953.  En la primera semana de octubre de 1953 llegué a la escuela 1  “Leoncio Araneda Figueroa” de Cañete. Me destinaron a la clase de Don Raúl Durán Fierro. Era la primera sala que quedaba al lado de la casa del Director, don José Reyes, al otro lado estaba la sala de la Sra. Elvira (famosa y querida profesora de los años ‘50, casada con Don Eduardo Rodríguez, también profesor normalista).  Don Raúl me presentó a la clase: - ¿Cómo te llamas ?...¿De dónde vienes ? AAHH de ARAUCO !! entonces eres Araucano...PRONTO!! Ese fue mi sobrenombre hasta hoy en día. El Lalo Araucano..., preguntó en seguida mostrando y escribiendo en la pizarra, varios números, letras, frases etc....Bien ,bien ,dijo: estás bien preparado !Ese fue mi primer día de clases en Cañete, y ese mi bautizo de fuego con mi profesor primario que marcaría tan fuerte mi vida y mi rumbo.

Don Raúl, era severo, serio, dedicado, justo, responsable, honesto...colocaba su profesión apostólica por encima de todo. Un día fui a comprar material escolar a la  tienda de Don Elías Jana (que fue asesinado por la dictadura), me preguntó : - ¿Quién es tu profesor?... respondí ; - Don Raúl  Durán ..: Qué bueno rebatió, tienes suerte, es un gran profesor !., eso me llenó de orgullo y satisfacción y eso marcó mi relación con don Raúl, a quien pasé a admirar, a querer y a respetar por el resto de mi vida. Con él aprendí la  educación cívica que  marcó a los hombres de bien de esas épocas, donde la honra, el servicio  y el amor a la Patria, estaban por encima de todo. Don Raúl nos enseñaba incansablemente, nunca llegaba atrasado, nunca terminaba sus clases en el momento de sonar la campana, jamás perdió un día de clases, por motivo algún, incluso en momentos terriblemente tristes de su vida, así como en momentos de intensa felicidad (contaré aquí un caso que me marcó profundamente para siempre). Sería 1955 cuando nació su primer hijo..., estaba haciendo clases y estaba muy nervioso, la razón ( supimos después), su señora esposa, doña Teresa Faúndez (que era profesora en la Escuela N° 2 de Niñas), dio a luz su primer hijo..., tocaron la puerta, él salió, le dijeron algo..., él volvió a la clase, nos pidió para  abrir el libro y leer en silencio en nuestros pupitres. Se sentó en su mesa y esperó la hora de terminar la clase..., de tarde no volvió, lo reemplazó el Sr. Vergara; él nos contó, el hijito de Don Raúl  había fallecido, él estaba acompañado a su amada esposa. Un año después la misma historia se repitió : Alguien toca la puerta, él va  a ver, vuelve con una leve sonrisa en los labios, se sienta en su mesa, nos pide leer las historias de  “Pedro Urdemales”, de esta vez lee uno por uno en voz alta..., termina la hora, se va, no vuelve de tarde, lo reemplaza el Sr. Vergara, que, de medio filo( bebía un poco), nos cuenta con gran felicidad :  - Nació Pedrito, el primer hijo vivo de don Raúl..., algarabía total en la clase, risotadas, palmazos etc. Así era Don Raúl...”ENSEÑABA NO APENAS CON PALABRAS”, enseñaba también con silencios, con gestos, con acciones nobles, con total y absoluta responsabilidad, con la pasión de quien sabía que la gran mayoría ( según las estadísticas de la época), no llegaría al  sexto año primario, muy pocos a la educación secundaria y contadísimos a la universidad..., por eso se daba por entero, tenía total y absoluta certeza, que talvez lo que él enseñase, sería toda la educación formal que muchos recibiríamos. En el  sexto año primario (llegamos 30 alumnos), nos enseñó hasta el último segundo, y el último segundo lo usó para pedirnos un juramento de honor (que todos firmamos), lo hicimos en presencia de nuestro director don José Reyes.  “JURAMOS POR NUESTRO HONOR VOLVER EN 10  AÑOS..., o sea el 23 de diciembre de 1968. Para sellar nuestro juramento nos sacamos fotos (yo tenía dos que las presté a nuestro estimado amigo y compañero de curso, César Augusto Correa Díaz , El Cholito Correa), quien le sacaría copias para darles a cada uno de los que estamos allí. Ese día (23/12 /1968), volvimos muchos y lo seguimos haciendo cada cinco años, ocasión en que nos pasa lista, y vamos respondiendo llenos de emoción : PRESENTE SR. !!..  El próximo año cumpliremos 50 años de nuestro egreso, y esperamos estar allí para repetir nuevamente ese nuestro: -  ¡Presente, señor, de esta vez con la emoción de varios ya  abuelos que tienen tanto que agradecerle a este  maestro excepcional, a quien tanto debemos, no apenas por lo que nos enseñó en las salas de clase, sino que también por la lección de vida que ha dado en  Cañete con su modo correcto, honesto, e íntegro de ser. DON RAÚL DURÁN FIERRO, gracias a Dios y  a la vida por haber sido mi profesor primario, sepa que lo amamos como un hijo más, así como amamos nuestra querida Escuela número 1, esa vieja casona donde usted y muchos otros profesores excepcionales entregaron sus vidas laborales con honra, al servicio de la Patria. 

Su ex alumno ,Eduardo Sáez Maldonado ( 1953 - 1958).