En la escuela primaria, allá por los años 1957 -58, nuestro profesor Don Raúl Durán Fierro, al notar que ya estábamos un poco más maduros dentro de nuestra niñez, comenzó sutilmente a preguntarnos por las tendencias políticas de nuestros padres; la mayoría respondía (cuando era cuidadosamente indagado): - mi papá es RADICAL. Al menos ese fue mi caso y el de la mayoría de mis colegas de curso. Don Raúl simulaba una leve mueca, en forma de disimulada sonrisa, él también era del partido radical, además de ser de Rotary y se comentaba que también era Masón (todas estas preferencias en nuestra época, eran absolutamente normales..., no causaban sorpresa, ni críticas, ni nada). 
En mi casa mi prima Aída a quién amábamos mucho, era del partido conservador, hasta nuestra casa llegó en dos oportunidades que yo recuerdo, el Senador por la región, Don Enrique Curtis; también pasó por nuestra residencia el Senador del partido radical. Don Humberto Aguirre Doolan, quién me ayudaría mucho en el futuro cuando ya vivíamos en Santiago, y él era presidente del instituto O´Higginiano de Chile. 
Quiero decir con este preámbulo que en mi casa, viví intensamente cuando niño, el pluralismo y respeto político. En cañete era así, una gran familia donde los amigos si se llegaban a importar con las tendencias políticas de los otros, simulaban no saberlas, o simplemente las respetaban. Fue ahí en cañete, con el sabio ejemplo de los mayores, que aprendí en la práctica a respetar las ideas de los demás, esos recuerdos me han acompañado siempre, y están nítidos en mi memoria. 
Años más tarde, en Santiago, tomamos contacto con Don LUIS EDMUNDO HENRÍQUEZ, para quiénes no saben, Don Luis Edmundo fue Agente del Banco del Estado en Cañete, luego fue el Director superintendente de la minas de Plegarias en Curanilahue. Lo reencontramos en Santiago en 1964 , donde era el secretario particular del senador Aguirre Doolan ( Partido Radical), Don Luis Edmundo nos recibió con los brazos abiertos y nos brindó su amistad y ayuda, a mí y mis hermanos mayores..., fue así como en la sede del Instituto O´Higiniano de Chile, Don Luis Edmundo nos enseñó a mí y mi hermana Gladys , a escribir a máquina en una vieja máquina UNDERWOOD, en aquella máquina escribí (copié), mis primeros poemas inspirados en el Fuerte Tucapel, he hice mis primeras crónicas, que colocaba en el diario mural de mi liceo. 
Don Luis Edmundo trabajaba siempre junto al Senador Aguirre Doolan, y todos los días estaba en el congreso nacional, donde me invitaba constantemente y me presentaba políticos, a mí y a sus sobrinos (hijos de su hermana). Fue así como conocí a los senadores Julio Durán Neumann, Luis Bossay Leiva (Radicales), Musalem (D.C), Altamirano y Allende (Socialistas), así fue también como asistí decenas de veces a sesiones del senado desde los balcones, y vi a Salvador Allende y Altamirano "degladiarse" férreamente con sus opositores..., era lindo de ver, pues junto con ofenderse, colocaban antes de las ofensas un adjetivo respetuoso: " Vuestra excelencia"," Honorable colega , " Sabio amigo " etc., luego venía el doblado que a veces era bien pesado. 
Yo, adolescente en la época, encontraba todo, lo máximo. Pasaron los años y el 1970, luego de elegido con mayoría relativa, el senador Allende debía ser ratificado por el congreso. Una noche, estando en clases en la escuela de teatro, nos avisaron que el elegido candidato Allende, al volver de reuniones en Valparaíso, había sufrido un atentado..., nos pidieron a quiénes éramos simpatizantes, que fuéramos urgente al teatro Antonio Varas, donde el candidato ganador de las elecciones haría la denuncia al pueblo..., corrimos al teatro a esperarlo. Llegó luego de una media hora, venía excitadísimo, me pareció que un poco "pasado" (bebía Jhonny Walker), estuvo exactamente a mi lado, hombro a hombro, antes de subir al palco; hablaba con exaltación, rápido, nervioso. Lo miré bien, frente a frente, lado a lado, era bajo ( 1,70?? con zapatos), usaba gruesos lentes, tenía la miraba fuerte, resoluta, sus labios eran finos, su frente amplia. Era mítico, causaba admiración, tenía magnetismo, fuerza, inspiraba confianza y lealtad. Allí gritamos muchas frases de orden, cuando él discursó en el proscenio, era interrumpido constantemente por gritos exaltados de apoyo. 
Fue una noche marcante, donde comprometimos nuestra lealtad para verlo tomando pose como Presidente de Chile. Salvador Allende Gossen, presidente de nuestros sueños juveniles, de nuestras esperanzas por un Chile más justo, más humano, más de todos. El destino me colocó a su lado una noche de 1970, fue así como personalmente lo conocí, le respeté sus ideas (lema que aprendí en mi niñez cañetina), y seguí sus pasos apoyándolo en las urnas..., creo que ese sueño todavía persiste; " no acabó”.