Cuando Osvaldo Weisse me invitó a almorzar y a conocer su nueva casa en el fundo de su familia en Arauco, acepté de inmediato ya que, además de disfrutar de un rato agradable con mi amigo y su familia, tendría la oportunidad de investigar acerca de los parientes araucanos de algunas familias cañetinas.

Hasta los años 60, era común que, en cada una de las casas del pueblo, se matara un par de cerdos al comienzo de la temporada de invierno para preparar con ellos cecinas y toda clase de embutidos que se consumían durante el largo período de lluvias que se extendía desde el mes de Abril hasta el mes de Septiembre. 
En esa época todavía se justificaba el dicho popular de: “Abril, aguas mil!”.