De nacionalidad española, conserva, a pesar de los muchos años que está en este pueblo, su personalidad genuina: altivo, activo y vehemente, es un hombre muy apreciado por su franqueza y caballerosidad a carta cabal. Ocurrente, dicharachero, bueno para entusiasmarse y para el poker, ha tenido una vida de trabajo tesonera y honrada, pues es una persona de sacrificio y de gran optimismo.
Discutidor, salpica sus anécdotas con buenos chistes, pero es violento cuando ve algo que le desagrada. Y si no, que lo digan algunos garzones que han visto desfilar por su cabeza algún objeto cuando no le han respondido con la compostura que se debe.
Amante, padre y esposo, ha formado un hogar digno y honorable; al perder su hijo muy querido, supo sobreponerse a la gran desgracia que le afligía y su llanto nos embargó a muchos.
Tiene varias anécdotas, como aquella que me han contado que de vuelta de Angol de hacer un buen negocio, llegó media hora antes que partiera el tren o éste se atrasó, el hecho es que habían unos hombrecillos jugando a la rayuela y él, que le gusta jugar, no trepidó en tentarlos con otros juegos a aquellos cuyo capital no debe haber sido más de 25 pesos, en aquellos tiempos; pues bien, lo dejó el tren, porque se entretuvo mucho con estos gallos que les salieron unos peines; le ganaron la plata que andana trayendo (que no puede haber sido menos de unos cinco mil pesos) y tuvo que pedirles plata prestada para regresar a Cañete... Si esto es mentira, la culpa la tiene Cucho Miranda que me contó esta anécdota tal como la dejo estampada aquí.
Don Joaco, nombre que le dan sus íntimos, es de gran corazón, noble y altruista; se juega entero por los amigos y es ejemplo de valer como hombre de trabajo honorable.
Es padre de hermosas señoritas y “BIMA”, ha tenido en él un celoso guardián de sus intereses. ¿Cómo le habrá respondido esta Firma? Chi!...Lo sá!