Calladito y deslizádose por las calles de Cañete, con su pucho en los labios, es un comerciante honorable, ponderado en sus juicios para con los demás y desentendido de bullas pueblerinas.
Es el concesionario de las cervezas; tiene en compañía de hermanos, según me parece, una bien surtida tienda y abarrotes en general; es casa de artículos baratos y buenos. Trabajador como una hormiga; sencillo y muy sobrio; reticente y observador, es un peine para el negocio.
Cuando está en reuniones sociales, gentil y educado; es atento y conversador.
Don Apolonio es querido y respetado por su numerosa clientela, pues lo saben un comerciante sin reveses y muy serio. No obstante, algunos creen que distribuye la cerveza según sus simpatías personales o políticas; yo no lo creo, debe ser porque no le pagan a tiempo algunos y le echan la culpa de eso otros... Correcto y activo, sabe sacarle al día todas las horas útiles que tiene.
Los Gallardo, como todos les dicen allá, han tenido barraca y han edificado varias casas en el barrio cercano a donde haya la medialuna (la obra magna de don Gastón (Pedro Etchepare) y las han vendido con facilidades de pago, haciendo un gran bien a mucha gente y valorizando un barrio que estaba muy abandonado por la mano de la autoridad municipal.
Esta familia Gallardo es ejemplar por su unión como hermanos y por lo dado al trabajo honorable y serio. Dentista uno, agricultor el otro, y los demás, comerciantes, son cañetinos de fina cepa y ejemplar conducta pública y privada.