Soy de los convencidos que destacarse públicamente, cuando un agricultor sobresale, por sus espíritu de progreso; aún más; estimo que el Departamento de Extensión Agrícola del Ministerio de Agricultura u otro organismo (ya que ahora no figuran los agrónomos provinciales, que fueron suprimidos en mala hora bajo el gobierno de Ibáñez) deberían otorgar diplomas de honor.
En la provincia de Arauco y especialmente en el Departamento de Cañete, se destaca el activo, acucioso y gran agricultor, don Pedro Etchepare E. , don Gastón como todos cariñosamente le llaman.
Es de aquellos vasco-franceses tesoneros, que viven todo el año en sus fundos; que pasan preocupados de experimentar y ponerse a tono con los adelantos agropecuarios. No es egoísta; da sus consejos de todo su gran acervo de conocimientos agrícolas; hace ensayos solo y en compañía de sus amigos ingenieros agrónomos, fue mi mejor colaborador en ensayos y progresos agrícolas; vigila personalmente sus múltiples ensayos; saca cuentas, vuelve a preguntar y llega a conclusiones que a todos les dice. SI fracasa, no se desalienta; continúa el ensayo y hace la indagación del fracaso; es, sin duda, como lo he dicho siempre “el más alto exponente de la agricultura araucana”. Hacía mención a su gran estatura, (cerca de dos metros; es el padre del gran basquetbolista Rolando Etchepare) y a su tesonero trabajo.

Como amigo, como jefe de hogar y buen agricultor, don Gastón dejará huellas fecundas a sus hijos, a todos los cuales ha enseñado en el duro yunque del trabajo de sol a sol.
Sin querer sobresalir, quiere tener lo mejor; ya sea en caballares chilenos (“agiotista” fue de fama), vacunos criollos mejorados y en ovejunos. De un grano de cierta variedad de trigo, llegó a tener miles de sacos en pocos años; él lo bautizó ufanamente como “Trigo Lanalhue”, también formó, según él el frejol Lanalhue (uno de sus fundos se llama así; el otro es Tranguilboro). Goza y alegra mucho su gran corazón de hombre puro, como los aires de los campos que tanto ama, cuando aprende algo nuevo en el difícil arte de cultivar bien la tierra.
Claro que también es protestador y largas sus pullas y dichos especiales cuando algo le molesta; pero no pasa de ser sino una nubecilla de verano. Hombres de esta estirpe y de ese corazonazo no son capaces de enojarse mucho rato.
Ha sido el alma de los rodeos de Cañete, que tienen justa fama en todo Chile; coloboré con él cuando un señor regaló el sitio en que estaba la medialuna y cuando murió Juan Antonio Ríos, arrepentido el señor de los obsequios, hubo que dejarlo que hiciera esta maldad. Don Gastón se dedicó por entero a hacer una mejor medialuna; don Emilio Larroulet o la Sucesión, regalaron el terreno y don Gastón, acompañado de un grupo de agricultores, siendo él es portaestandarte de esta construcción, sacrificó dinero, trabajo y muchos días. Pero salió con la de él; Cañete tiene ahora una de las mejores medialuna del país junto con su excelente casino.
Don Pedro Etchepare Echart ha formado un ejemplar hogar con la señora Maggie Harismendy, cuyos tres hijos hombres y una mujer, son ejemplos de virtudes hogareñas, como toda tradicional casa solariega de esta tierra chilena. Don Gastón ya no piensa sino en su Cañete; recuerdo que cuando viajó a Francia, por asuntos familiares, hace unos diez años, se enterneció al despedirse.
Hombres como don Gastón hacen la grandeza de la tierra que cultivan y hacen amigos sinceros y leales.
Honrado a carta cabal, ejemplar ciudadano, no trepido en calificarlo como el vasco.francés número uno de esta región, ahora es el socio firmero de la Feria de Cañete. 
Uno de sus hijos, Lilo, fue de fama mundial en básquetbol y viajó por ello al extranjero.