Español de buena cepa; trabajador como él solo; capacitado; de altas y bajas en sus negocios, no ceja en triunfar y no desmaya. 
No es farsante, es desprendido con sus amigos y con la sociedad en que vive; colaborador en toda obra de bien.
Es muy apreciado por sus dotes de caballero y gentileza característica. 
Trabajó en la Barraca “Cañete”, pero se aburrió con sus socios; las ha emprendido solo y a medias en aserraderos que le han significado dejar media vida en las montañas.
Se sacrifica de la mañana a la noche; arregla sus asuntos bancarios, va al “Club” y de ahí a encerrarse por unos días a sus montañas que le están dando ahora más que regulares resultados.
Don Julián Iñiquez es hombre en quién se retratan las buenas cualidades españolas, cuando se entusiasma con sus traguitos habla bajito y largamente, apenas se le entiende... 
En rodeos (que como he dicho son famosos en Cañete) trabaja como un muchacho; colabora en todo.
Cariñoso y afectuoso con sus amigos, es buen patrón con sus obreros colaboradores; jamás encuentran en él a quien les niegue un “anticipo”; humano y sencillo, debe triunfar ampliamente; por sus dotes de inteligencia y tenacidad, yo creo que podrá tener una vejez tranquila, sin sobresaltos de fortuna ni de otras preocupaciones.
Sobrio y alegre, es persona apacible y hombre de santa paz; es católico observante, pues va a misa cuando puede y trata de cumplir con la iglesia y sus exigencias.