Liberal y de gran capacidad e inteligencia para el trabajo, ha sido el alma mater de la acreditada Tienda González, que fundara el recordado amigo don Carlitos González. 
Es hombre ponderado para emitir opiniones y respetuoso del credo político de los demás; pero acalorado defensor de sus ideales. Bueno para el comercio, se destaca por su sobriedad y honorabilidad a carta cabal. Reservado y tenaz en sus problemas del comercio, no se lanza en grandes aventuras, sino que va “tanteando el vado”. Tiene su clientela grande y bien formada, pues aquí prima el criterio realista junto al corazón de hacer bien cuando se puede. Don Raúl González, desde muy joven, supo ser emprendedor y sumamente trabajador.

¿Quién no le conoce? Agricultor y comerciante, es persona que tiene muchas anécdotas. Nació en San Carlos (Ñuble); pero radicado en Cañete, ama a su tierra como la propia; allí tiene fundos y comercio; hombre ya de fortuna gracias a su honrado y constante trabajo.
Persona de empresa, es vivo para el negocio, dinámico y sufrido para el trabajo tesonero, es un ejemplo de virtudes ciudadanas. Casado con la señora Delia Pacheco, ha formado un hogar ejemplar; sus hijos inteligentes y hogareños, son su preciado orgullo; ingeniero, marino y pedagogo, técnico en radio, comerciante y profesora, han dejado huellas de inteligencia.

Sobrino del inefable José, llegó a Cañete a trabajar y formarse al lado de él, pero por cosas que yo no sé, disgustaron y helo aquí que fuera de sus pretinas, el hombre se ha formado.
Se casó con una hija de Briceño, el exagrónomo de extensión agrícola y colocó un negocio frente a los Gallardo y va bastante bien, según me dicen.
De una voz espléndida, con don de gentes y “saboir vivre”, este joven industrial se ha ganado la confianza pública. Su espíritu de colaboración, lo lleva a cantar en algunas misas y francamente, el señor éste tiene una voz de oro, como que nació allá por Irun, la tierra del tenor Luis Mariano, de resonante acorde musical. 

Profesor normalista que ha logrado sobresalir como un destacado elemento de bastante valor cultural. Desempeña sus labores docentes en la Escuela Normal de Talca y sobresale por ser un hombre sencillo, muy cordial, deportista 100% y tenaz para encimar sus obras.
Valiente para defender sus ideales políticos, ha esgrimido su pluma de periodista fogueado dando pruebas de una ironía y fino estilete, que ha hecho “fama”.

Es un vasco español de gran espíritu de empresa que se ha distinguido desde su llegada a la provincia de Arauco, hace ya muchos años, por la gran capacidad de trabajo que desarrolla. 
Para él, servir de cargador de gavillas en la trilla, carretero si falta alguno, o estar en el escritorio dirigiendo sus negocios, o listo para asistir a un funeral o comida de camaradería, es lo mismo; casi tiene el don de la obicuidad... 
Primeramente llegó a Lebu y trabajó, como un “negro”, (a pesar que es harto coloradito) según dice él, en la firma Larroulet; se distinguió por su viveza y captación rápida en los negocios; económico y muy sobrio. Sólo se le puede decir que es un enamorado múltiple...

De baja estatura, moreno, calmado para andar, es caballeroso y entaquillado al mismo tiempo. Hombre muy trabajador, está formando su fortuna a la buena; educa bien a su familia, es jefe de hogar muy bueno; preocupado de todo, es persona ejemplar. Modesto, inteligente y sagaz para el negocio; es difícil que se lo piten al comprar animales; en una palabra; la sabe todas y por libro...

Típico ejemplar del hombre de trabajo, sufrido y tenaz para encimar sus obras; de carácter afable y caballeroso, don Lucho ha ganado simpatías y buen nombre, por su trabajo esforzado.
Buen amigo, gusta de la buena mesa y sirve a sus amigos larga y desinteresadamente. Apacible y de risa franca y sonora, ha sido el verdadero arquitecto de Cañete; tiene un criterio comercial y técnico que, si hubiese sido bien cultivado, habría pasado por ser uno de los mejores profesionales de la zona.
Su mueblería y taller, gozaba de fama; un poco desarreglado para llevar sus cuentas, a muchos, jamás les cobra y a otros los urge con los pagos... Bueno a carta cabal, según pude apreciarlo, no es hombre que guarde rencores ni sepa de inquinas; buen jefe de hogar, se sobrepone a los sinsabores de la vida y goza con hacer un favor, como toda alma buena.
Fue un magnífico colaborador del Cuerpo de Bomberos, cuando tratamos de construir el cuartel de esta institución. Trabajó bastante y sin ningún interés.
Con su acompasado modo de andar, su figura es muy popular y todos le quieren por su manera de ser: sencilla y modesta. Habla lenta y despaciosamente, lo que le da un aspecto de solemnidad a su persona toda. Observa mucho y capta de inmediato; sus obreros le quieren y colaboran bien, aunque a veces los entretenga con “suples”; pero jamás les lleva un cinco a nadie.
Merece destacarse por su vida de trabajo tesonero; sabe que el trabajo es lo que más ennoblece al hombre. Es hijo de sus propios valiosos méritos.
Sus amigos íntimos le dicen “Vicha Rozas”.
Cuando estaba listo para ir a la imprenta este libro, supe la muerte de este buen amigo. Me dicen que todo el pueblo, como yo, lo sintieron de corazón.
Mucho tiempo estuvo de Inspector de Trabajo en Cañete, pero hubo de admitir el ascenso y trasladarse a Curacautín, donde se encuentra muy bien. Fue sentido acá. Su trato es amable y sonriente eterno, le hace captar amistades de inmediato. Me dicen que es un excelente funcionario. Es Técnico Agrícola, pero no ha ejercido sino en su casa de Cañete donde arregla su jardín y arbolitos con el mayo esmero.