El doctor Figueroa tiene una mano de ángel para la técnica quirúrgica; es ya un profesional muy querido en la zona; es un estudioso permanente y no es orgulloso en su ciencia; ha obtenido distinciones en la Universidad de Concepción; recuerdo que yo mismo le organicé un gran banquete que le dimos por haber sobresalido en cursos de perfeccionamiento. Nació en Lumaco. 

Nació en La Coruña (España) y llegó a Chile en junio de 1911. 
Chico, pero de gran nerviosidad, es un inteligente periodista pueblerino; marino en su juventud, tiene un arsenal de cuentos y chascarrillos en la cabeza; gran charlador, es muy atento y de gran espíritu de observación. 
Celebrador de los chistes, los cuenta a montones también, estuvo muchos años trabajando en Tirúa y es un defensor muy grande de esa tierra; le auguraba siempre un gran porvenir y ha tenido razón al descubrirse ahora los minerales de hierro. 

Hombre bueno a carta cabal, es hijo de sus propios méritos, desde niño demostró su gran afición a la mecánica. Trabajó como amanuense de don Paulino Viveros, en su botica,; alternaba sus ocupaciones con sus bromas y sus tocadas de violín, pues era según me dicen , un eximio violinista de oído. Prestó el violín a don Tomás y... hasta ahora no lo recupera. 
Colaboró inteligentemente con Paulino, su cuñado. Pero dicen que una vez, en lugar de dar a un cliente, un líquido para el dolor de riñones, le dio aceite de castor y... calcúlese el resultado, pues la porción doble la que le dio al penitente. 

Calmado en el andar, si se enoja discute con calor y no le arrendran los entaquillados; si me discuten ustedes que lo diga el amigo Octavio Viveros. Persona trabajadora y honorable, capacitada para el comercio y la agricultura, buen jefe de hogar y cooperador grande en Bomberos. Trabajó muchos años en la que fuera hace tiempo “La Redonda” de don M. Sáez y después de Infante Hnos. Con paciencia franciscana, casi durmiéndose, porque no entraba nadie a comprar, salía a vender bencina. Se salió de ahí y se fue a trabajar al campo; no es hombre que se quede arrellanado, como otros, porque la esposa es profesora; él tiene amor propio en hacer que entre plata al hogar.

Hijo de don Gregorio Aguayo, el caballeroso comerciante, exsocio de la firma Petit_Laurent, estudió en Concepción y es contador de gran seriedad y competencia. Listo y vivo el ojo para el negocio, desde su juventud se ha demostrado activo, inteligente y de certera línea como comerciante honorable a carta cabal.
Hijo de don Gregorio Aguayo, el caballeroso comerciante, exsocio de la firma Petit_Laurent, estudió en Concepción y es contador de gran seriedad y competencia.

Joven y dinámico, perdió su tiempo, lamentablemente, siendo empleado municipal; ganó en todo ese periodo lo que en un mes gana en la tienda que con su hermando Arturo y su padre, don Gregorio tiene junto a su casa. Casó con la señorita Graciela Carrillo, de imponente y agradable figura. Con su pitillo en la boca y su gesto característico, don Alfredo, ríe con ganas y celebra los chiste malos...
Desde su juventud pertenece al Partido Radical y por fin ha sido Regidor en este período; seguramente le quedará poco tiempo, pero esconde muy buenas ideas para su pueblo. 

Comerciante antiguo, primeramente tuvo sociedad con los hermanos Petit-Laurent y es un honorable y ponderado ciudadano. Excelente jefe de hogar, muy sobrio y de fino trato, pasa por ser uno de los cañetinos más apreciados por sus dotes de caballerosidad y don de gentes, cualidades propias de casi todos los comerciantes de esa plaza. 
Actualmente trabaja con sus hijos bajo la firma Gregorio Aguayo e hijos, en local propio y con numerosa clientela; su tienda y sección abarrotes es muy surtida; son comerciantes correctos y queridos en todo el departamento.

Chico de porte, pero grande de alma y corazón de radical, ha batallado con la vida a brazo partido. Estuvo empleado en la Caja de Ahorros, y después se dedicó a pequeño industrial. 
Tenaz y tozudo radical, enroscado, como diría Julio Sánchez, le discute hasta los gigantes. Es un mosquito que da mucho que hacer en las asambleas; pero siempre mirando, según su criterio, el bien del Partido Radical. Las “revolvió” mucho con la Juventud Radical y no se resolvía a abandonar sus filas, a pesar de la edad...