Caballeroso, cumplido y trabajador, es un buen bombero, desde la fundación de este noble grupo de gente que tiene bien puesto el corazón. Su taller de peluquería es el mejor y más visitado. Está ahí desde cuando falleció su inigualado cuñado, don Juan Bautista Sanhueza, de muy grata recordación en el pueblo por su graciosa locuacidad. 
Don Benjamín se distingue por su porte y ponderados juicios, pues no “pela” sino que corta el pelo, lo que es mucho decir de un buen “fígaro”.
Chiquitito de estampa, pero "gallazo"; enamorado como él solo. De un sentido musical excelente, es también compositor musical de hermosas piezas. Ha sido el peón de la Banda u Orfeón de Cañete, como se le ha querido llamar ahora. Con santa paciencia, dedicando las horas de su merecido descanso ensaya y ensaya a los noveles. Es un orgullo para el pueblo tener su Banda; ha dado serenatas de gran sentido artístico; hace años cuando yo estaba allá, casi todos los músicos eran los Medrano.

Es más popular que un Lavín, pues  Cucho, como sus amigos le dicen, a pesar de su corte aristocrático y de cara de ángel, es hombre bastante inteligente, de reposado criterio y buen orador.
Desprendido y humanitario, fundó el Liceo Mixto, que ahora tiene bachilleres; yo le colaboré bastante y en la oficina mía, se dieron los primeros balbuceos de lo que hoy es un orgullo para Cañete. Hice algunas clases de ciencias, para colaborar; soportó las envidias de los que nada construyen, la sonrisa burlona de personajes repudiados y “poseros”.

Es una persona de empuje y constancia; fue procurador del Número varios años; su competencia en leyes es proverbial; se dice que recibía consultas hasta de abogados... 
Desde muchos años fue empleado en la Notaría; allí se formó, puede decirse; desde hace tiempo, es Notario y Conservador de Bienes Raíces en propiedad, no siendo abogado. 
Sus méritos y sus razones, le dieron el triunfo para ser nombrado lo que, en buenas cuentas, ha sido del beneplácito de todos los cañetinos, pues se ve en don Manuel, al hombre, hijo de sus propias obras meritorias.
Servicial y honesto; buen amigo y leal, ha sabido captarse generales simpatías. Alegre, no echa pie atrás cuando se trata de festejar a un amigo o entretenerse un rato; en su casa, son famosas las fiestas de Corpus, pues hay allí gente dispuesta a pasarlo bien; su esposa, la activa señora Teresa, no descansa un momento en colaborarle a su esposo y vuela en su auto, como una maestra en mecánica. 
Don Manuel avanza a pasos seguros hacia el bienestar; listo para el negocio, su vista de lince le indica lo que debe comprar en bienes materiales. Nadie quería comprar lo que se decía era un elefante blanco; la casa donde vive frente a la gran Botica de Paulino Viveros; dueño fue, también, precisamente, Don Pauli, don Manuel Cáceres, don Héctor Arredondo, etc., y arrendaba la comisaría de Carabineros, desde que se trasladó desde el frente de la plaza, donde ahora está el edificio de los servicios públicos que hizo construir el Presidente don Juan Antonio Ríos. 
Don Manuel la compró y la ha arreglado valiendo ahora un platal; modesto como siempre, trabaja sin cesar y a nadie tramita en las gestiones que se le encomiendan.
Coloradito, risueño y bueno para contar chistes que celebra alborozadamente, a grandes trancos cruza el pueblo varias veces al día. La última noticia, es indudable que la tiene Juanito, como cariñosamente le dicen sus íntimos amigos y otros confianzudos. Profesor primario jubilado, en el campo, allá por cerca de reducciones indígenas, fue muy popular por sus dotes de franqueza y de buen servicio. Es discutidor y habla alzando la voz y yéndose un poco, pero volviendo con más furia a la carga de lo que está discutiendo. 

Con su título de Técnico Agrícola y un gran deseo de surgir en la vida, llegó a la Escuela Granja de Cañete hace doce años. Hombre franco, agradable e inteligente, es un profesor culto y sabe infundir en sus alumnos sus conocimientos. Amante del progreso y del anhelo de surgir, le compró al amigo Cucho Miranda un pedazo de suelo y allí instaló su hoy magnífico criadero de aves que le da bastantes escudos.
Su hogar, acogedor y con calor de buen amigo, es justipreciado por quienes le visitan.
Su charla fluida y alegre, contagia a su interlocutor.

Agricultor por herencia y trabajo tesonero, él Profesor Primario, que encabeza este acápite, es un hombre sumamente trabajador y honorable; posee vasta inteligencia y cultura general; constante, de porfiada tenacidad, ha sabido llegar a donde él quería, siguiendo la ruta que le trazaran sus mayores.
Serio y reticente; locuaz cuando está contento, no se fía fácilmente de la gente, pues tiene ya mucha experiencia por los casos que le han pasado, sobre todo en asuntos de herencia.

Muy joven llegó a Cañete; allí formó su hogar dos veces con mala suerte; las dos señoritas Sáez Monroy fallecieron. Hombre de talento y que encierra una gran dosis de filosofía, ha sabido sobreponerse a estos inmesos dolores; es apreciado por cuantos le conocen de cerca, pues cautiva por su bonhomia y saber; es humano y cordial; inteligente y estudioso, posee una gran memoria; he dicho siempre que si don Tomás Bustos hubiese podido salir de Cañete a otros centros de estudio, cultivando su magnífico cerebro, habría descollado apreciablemente.