Hace más de medio siglo que llegó a Cañete el joven farmacéutico Paulino Viveros Sagardía, hijo del prestigio vecino de Rere del mismo nombre y padre de abundante familia. Antes ejerció su profesión en Traiguén, pero le gustó mucho Cañete y fundó la muy acreditada “Farmacia Viveros” que le ha florecido en muchos y miles de millones, por su trabajo constante e inteligente.
A través de muchos años, ha sido el consultorio obligado de mucha gente pobre; pues Paulino, cual otro enviado celestial, tiene aciertos efectivos, sobre todo, en enfermedades de niños, según dicen. La fe, es cierto, hace mucho; basta que Paulino mire al niño para que éste ría y empiece a mejorarse y lo que le da... acaso es una inofensiva agüita de Mejoral.... ¿o será que traspasa algo de su alma de niño?

Es oriundo de esta provincia de Arauco y primeramente estudió para profesor normalista, pero descubrió que pasaría muchas penurias con los sueldos de hambre en que se ha mantenido siempre al magisterio en general y, con esfuerzos inauditos, se fue a estudiar medicina, graduándose de médico cirujano en la Universidad de Chile, teniendo excelentes profesores. Harto asimiló, pues es un buen doctor, al decir de todos, sobre todo internista. Es un médico muy querido y tiene permanentes aciertos, pues estudia y diagnostica muy bien. Aún en Santiago tiene fama como buen médico, pues muchos pacientes no le creen y van a Santiago a consultar especialistas y, zas, que le dicen lo mismo que el doctor Vigueras.

Cañetino ciento por ciento, es concesionario del Club Radical desde hace más de medio siglo. Gran jugador de fútbol en su juventud, fue uno de los “cracks” que dieron ejemplo de juego técnico y valiente. Puso muy en alto en toda la provincia de Arauco y en Temuco, el nombre del fútbol cañetino. Lo llamaban “el culebrita”.
Gran charlador, bueno para la trasnochada, cariñoso hasta la exageración con los amigos, gusta de tener en su casa las comodidades y atenciones más indispensables para sus amigos.

Alto, de corte ceremonioso, como adivinando pronto, sería flamante Ministro de Corte, avanza por las calles de Cañete en demanda de su despacho de Secretario Primero y, después, por promoción de don Arsenio Sáez, al de Juez.

Durante varios años ha sido el Capitán Comisario de Carabineros de Cañete. Casado con la señorita Wolff, ha formado allí su hogar y ya es cañetino por adopción. Se le quiere y se le respeta; tiene tino especial para hacer aquella ecuación que muchos descriteriados no saben cómo hacerlo; el caballero civil y el respetable Oficial de Carabineros; ecuánime, estricto, justiciero y de ponderado criterio, es garantía para todos.

Caballeroso, lento para conversar y pausado para opinar, este caballero es muy cariñoso en su casa, amable y locuaz. Alegre y cordial, sabe ser gentil, así como su distinguida esposa.
Emprendedor, un tiempo se dedicó a la minería, después a agricultor, allá por Elicura; maderero en grande que habría hecho una enorme fortuna la que bien amasada habría estado, pero la situación misma del gobierno de Ibáñez, que quebró la industria maderera, puede decirse, le hicieron ver los horizontes, no por el lado optimista en que él pensó.