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Desesperanza aprendida

Paula Bazz Martínez- Psicóloga

Sin duda alguna, uno de los peores males que puede sufrir un ser humano es la “desesperanza aprendida”. Una enfermedad tanto individual como social, con tan profundas repercusiones en la esfera física y psicológica que termina gangrenando sin piedad el cuerpo y el alma de quien se ve envuelto en ella.

Desde un punto de vista psicológico, la desesperanza aprendida es una suerte de convicción, presente en algunas personas, de que no es posible modificar la realidad y que, independientemente de las acciones que emprendan para cambiarla, las cosas se quedarán como están.
Esta sensación surge cuando, por un motivo u otro, la persona sufre varios fracasos continuos en una misma lucha, lo que hace que se vaya agotando su energía para volver a intentarlo.
Es lo que ocurre con aquellos que nacen en una situación de pobreza y marginalidad donde son tan escasos los medios para salir de ella que cada intento por superar la adversidad termina en un fracaso o en una desilusión.
Bombardeados por un sistema deprimido en que todas las explicaciones están ligados a la mala suerte, a la voluntad de Dios o la acción de los gobernantes, acaban por sentirse incapaces de doblarle la mano al destino y abandonar el círculo destructivo. “Para qué estudias si igual vas a ser un obrero”, o “los estudios no son para la gente como nosotros” o “no te pongas metas altas porque vas a terminar sufriendo” son voces que llaman al desaliento, la pasividad y la parálisis.
A otra escala, también hay desesperanza en el niño que se saca rojo en matemáticas a pesar de todos sus esfuerzos por rendir mejor. Al cabo de un tiempo, es probable que ya ni siquiera intente estudiar y entender, pues tiene tan internalizada la idea de incontrolabilidad, que frente a cualquier ejercicio se paraliza y cierra su mente a la posibilidad de abordarlo desde un nuevo punto de vista.
Ante esta realidad, es necesario que el desesperanzado desarrolle recursos que le permitan aumentar su autoconfianza y adoptar una actitud más optimista frente al futuro.   La tarea consiste en ampliar la mirada para ver un espectro más completo de alternativas de solución frente a un mismo problema.
Los estudios muestran que aquellas personas que toman las riendas de sus circunstancias y consideran que de ellos depende lo que puedan lograr,  se enfrentan más positivamente a las experiencias y son, por lo tanto, más exitosos.
En el fondo, todo depende de la actitud con que se mire hacia adelante. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde... Ojalá no se pierda nunca.