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Juan Véliz DÃaz
El miércoles pasado la Iglesia Católica dio inicio a un perÃodo litúrgico que se conoce como Cuaresma, y que se da comienzo con el tradicional Miércoles de Ceniza, para culminar con el Domingo de Resurrección.
Y este perÃodo de Cuaresma debe llamarnos a reflexión, ya que al haber recibido el dÃa miércoles un poco de ceniza en nuestra frente, se nos hizo recordar que fuimos hechos de polvo y que al morir, volveremos a ser polvo. Se nos señala que de la vida actual, pasaremos a la muerte.
Pero lo principal es que recordemos que de la muerte surge la vida: “Si el grano de trigo no muere, no da fruto” (Jn.12, 24). A través de ese signo (la ceniza), Dios quiere que seamos capaces de renovar nuestras vidas. Que a través de esa ceniza, logremos tener como un fertilizante que nos ayude a crecer como personas.
El único problema es que estamos tan ocupados en nosotros mismos, en buscar nuestro bienestar material, en comprar todos aquellos adelantos modernos que nos darán un mayor confort en nuestro hogar, que nos hemos olvidado de nuestro origen y de nuestra meta final.
Nos hemos olvidado que la vida es mucho más hermosa cuando se vive con amor, que aferrada a posesiones e ideas inflexibles. Que la vida es más alegre cuando se pide y se otorga perdón, en vez de estar predispuesto a golpear y herir a los demás, muchas veces en forma injusta.
Hemos dejado de lado la ternura, para alzar los puños en medio de odio y violencia. Hemos olvidado la alegrÃa, marcados por nuestros pecados y fracasos.
En una palabra, nos hemos olvidado de vivir, porque hemos olvidado nuestro origen. Somos polvo y en polvo nos convertiremos. Nos falta humildad, nos falta esperanza, nos falta alegrÃa, pero, fundamentalmente, nos falta amor.
Por eso, esta Cuaresma nos debe llamar a reflexionar: ¿Qué somos?, ¿somos felices?, ¿mi vida tiene sentido?, ¿cuál es mi relación con Dios?
Tal vez, una vez que hayamos sido capaces de responder éstas y otras preguntas que nos hagamos, podremos pasar de una vida egoÃsta y estéril, a una existencia plena, fecunda y abierta a los demás.
Ojalá seamos capaces de descubrir debajo de la ceniza de nuestra vida, el fuego que haga brotar la llama de la vida nueva, con amor, en nuestro corazón. |