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Eso de pegarse el cambio Imprimir
Lunes, 22 de Febrero de 2010 08:10

Norman Merchak

Aunque la palabra “cambio” es muy antigua, su significado no ha tenido variación alguna, a través del tiempo. Sigue siendo invariablemente esa acción de cambiar o la modificación de cambiar.
La humanidad ha buscado el cambio a través de su historia. Conquistadores han tratado de producir los cambios en los pueblos sometidos, entregándoles nuevas costumbres, especialmente mercantiles y culturales. Sin embargo, individualmente, las personas no gustan del cambiar, prefiriendo mantener sus rasgos culturales, traídos desde la infancia, por herencia de sus padres. Sí, es la actitud de personas sensatas frente al cambio.
A pesar de esto último, siempre están esas excepciones a la regla que no pueden faltar, que buscan uno u otro motivo para producir el cambio en su vida o en su comportamiento social.
Unos podrán aducir motivos personales para abandonar sus raíces, otros mostrarán motivos superiores, como ser “el bien de la patria”, o tareas dejadas inconclusas y que sólo tienen ellos la capacidad para terminarlas; los menos, con toda claridad, expresarán razones personales, como el conservar la pega u otra no mencionada.
Pero un análisis más liviano dice que uno puede cambiar de partido político, olvidando sus ideologías, por las cuales luchó sin cesar, o si se trató de un simple espectador de ellas, siempre tendrá un costo. Se puede cambiar de religión, en la búsqueda de otro Dios o un paraíso más al alcance de la mano y, de menos costo, para su alma. Pero lo que nos salva de estos que “se pegan el cambiazo” es lo que sucede en el ámbito del fútbol con sus hinchas, porque uno nunca se cambia del club de sus amores. Por lo menos éstos obedecen a la ideología tan desconocida del hincha.
En esto de pegarse el cambio, hay demasiado que ver todavía y, por lo mismo, más vale la pena esperar algún tiempo, cuando las esperanzas de aquellos, ya sean personales o sociales, no se cumplan en su totalidad. Seguramente veremos los cambios al revés.
Porque es bueno no olvidar, para no ser sorprendidos, que éstos que se cambian con tanta liviandad, ya sea con razón o sin razón, como ya lo expresó Ernesto Sabato: “Desde su oscura raíz, la vida busca un lugar donde volver a nacer”. Entonces, todo será tiempo perdido.

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