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Fernando Vásquez Alarcón
Escribo desde el epicentro asolado por la hecatombe terremoteada de Chile.
Han pasado las horas, los días y una calma aparente vuelve a ser cotidiana en el centro neurálgico de lo que fue la ciudad de Concepción.
Las réplicas continúan cada cierto tiempo,aumentando el desconcierto inexplicable de la naturaleza telúrica viva del planeta.
Una ciudad devastada en todo orden de cosas,el caos empoderado en las calles desiertas que recorrimos en un silencio ensordecedor...
Queda un registro amplio y sensible de tanta desolación,pero también, una concreta solidaridad y ayuda mutua entre innumerables personas anónimas y vecinos organizados en la más cercana desgracia y finitud.
"La tierra no es redonda, es un patio cuadrado,donde los hombres miran bajo un cielo de estaño"...
Mirar qué preguntamos.¿hacia quién? ¿hacia dónde? ¿con qué ojos y sentimiento?. A la familia, al vecino,al barrio y entorno bastante gris que hay que cuidar. La luz plena se ha apagado en este inmenso sitio de nuestra mentada modernidad y éxitismo macroeconómico.
Seguimos por cruzadas, casas-escombros donde todo o nada se mueve bajo un cielo espeso nublado, locales comerciales donde los asaltos dejaron onda huella y vacío que lentamente comienza a volver a la "normalidad".
Deambula la gente sin rumbo, otros caminan con bidones buscando agua, algunos supermercados comienzar a reabrir. El resguardo militar prevé un nuevo orden después del reciente desastre, totalmente evitable, a no mediar por la éndemica lentitud y burocracia política central. La autoridades actuales y entrantes hicieron su visita de honor, llegaron y se fueron raudos a la capital. Verificar desde la distancia y la altura, no es lo mismo que instalarse "in situ" y actuar conprometidos por el buen servicio concreto a la comunidad.
Pasaron varios días y sólo esfuerzos mancomunados de la propia gente lograron superar tanta emergencia en todo lugar.
"Dicen los sabios mapuche que el Chau Dios Nguenechen (todopoderoso), se ensañó con esta parte remota del sur...explotando su inconmensurable energía e inundando la tierra, el cielo y el mar"...
Bajo el sol de la tarde, alguien anuncia una falsa alarma de tsusami y el pánico colectivo se hace realidad y movimiento hacia los cerros del Caracol penquista. Muchos van en dirección correcta al Parque Ecuador, otros enfrentando el rumor en dirección a la desembocadura del río Bío-Bío.
Acá aún no hay un plan de reconstrucción para la zona, solo ha llegado la luz en algunos sectores periféricos, al igual que el agua, suministro parcial y ampliamente dañado en sus matrices y cañerías.
El toque de queda me deja aislado en Cosmito, espacio semi-rural ubicado entre Concepción y Penco, donde la gente organizada por sectores se prepara para la evacuación y defensa en caso de saqueos y el supuesto tsunami por venir...
"Prohibido entrar, sólo residentes",advierte un letrero en un portón residencial.
Una nueva mañana intensa se anuncia por el único medio comunitario disponible, la radio Bío-Bío.
Interminables filas de vehículos y personas esperan para comprar combustibles en las estaciones reabiertas con fuerte resguardo de la policía militar.
Viajo hacia Talcahuano, pero la congestión vehicular y control impide acercarme siquiera a los lugares más afectados del otrora puerto chorero ahora devastado en su totalidad.. Llego de noche a Rinco, lugar cercano a Rafael, para intentar más adelante llegar a las localidades de Tomé y Dichato, afectados brutalmente por el cataclismo.
Viernes 5 de marzo. 6:25 A,M..La tierra vuelve a sacudirse en su profunda inmensidad y un dantesco temblor nos remece inundándolo todo de miedo y sozobra... ¿Qué hacer y a dónde ir? Poco, muy poco, frente a tanta masa energética arrasando por doquier.
Todo de nuevo "tranquilo," tratando de dormir un poco de nuevo y vuelve otro remezón grado 6.8, interminable en su total movilidad.
"Nada se puede hacer frente a la implacable naturaleza...salvo la de continuar vivos".
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