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Terremotos en Cañete: 1960-2010 Imprimir
Lunes, 15 de Marzo de 2010 08:52

Clíimaco Hermosilla Silva

Cuando los mayores de 60 años pensamos en los dos últimos grandes terremotos de Chile es decir, en el terremoto que acaba de ocurrir en la madrugada del día 27 de febrero de 2010 y en aquellos ocurridos los días 21 y 22 de mayo de 1960, hay tres o cuatro ideas que, inmediatamente nos vienen a la mente:
1.- A pesar de que el terremoto de Valdivia del día 22 de mayo de 1960 ha sido el de mayor intensidad ocurrido en la Historia de la Humanidad, desde que se llevan registros técnicos o científicos de estos fenómenos, alcanzando grado 9,5 en la escala de Richter y, junto al terremoto de Concepción del día anterior, de 7,9 grados Richter y los tsunamis siguientes, dejaron una tremenda estela de muerte y destrucción en el país, el terremoto de este año no le va en zaga en lo que se refiere a su intensidad (la que alcanzó grado 8,8 de la escala de Richter), a la amplitud de las zonas geográficas amagadas y al grado de destrucción que ocasionó.
En 1960, además de las ciudades destruidas, desde Concepción y Chillán, hasta Puerto Montt, Ancud  y Castro, como producto del tsunami desaparecieron los poblados costeros de Puerto Saavedra, Queule, Corral, Maullín y otros y toda la zona industrial de Valdivia quedó sumergida en el río Calle Calle, como producto del hundimiento de la corteza terrestre.
El 2010, hubo también ciudades en ruinas como Talca o Concepción, decenas de pueblos destruidos y muchos puertos y caletas arrasados por el tsunami, como Constitución, Talcahuano, Dichato, Llico, etc.
En lo que se refiere al número de víctimas fatales y desaparecidos, en 1960, sumaron casi dos mil víctimas y en 2010, cuando se completen las listas de fallecidos y desaparecidos, estos alcanzarán a una cifra cercana a las ochocientas personas.
2.- A pesar del inmenso avance tecnológico logrado en los cincuenta años transcurridos entre 1960 y 2010, los sistemas comunicacionales se han demostrado absolutamente incapaces de cumplir el rol que las circunstancias exigían. En efecto la comunicación  instantáneas de la que tanto nos enorgullecíamos los chilenos hasta el día 27 de febrero y que eran el símbolo de nuestra modernidad, proporcionada por la red de teléfonos fijos, los más de dieciséis millones de celulares (más de uno por cada habitante del país), las redes virtuales que unen a cada chileno con el resto del país y del mundo o las redes de alerta temprana de estos fenómenos, todos estos adelantos tecnológicos se demostraron completamente ineficaces para, primero, alertar a los chilenos de los peligros que los amenazaban y, luego, para comunicarse con parientes, amigos o instituciones que deberían haberlos ayudado a sobrellevar la tragedia en mejores condiciones.
Las extensas zonas afectadas por el terremoto de este año estuvieron, durante largos cuatro o cinco días, completamente aisladas entre sí y con el resto del país y del mundo.
El año 1960, a pesar de la destrucción imperante, ya en la noche del primer terremoto, en Cañete estábamos unidos al resto del país a través de radioaficionados como Hernán González Pacheco, técnico en radio, quien tenía un negocio de discos y artículos eléctricos. Cada Comisaría del país tenía también en funciones sus modestos pero eficaces equipos de radio, los que mantuvieron la comunicación entre todas las zonas geográficas del país.
El único aspecto positivo que la tecnología de las comunicaciones aportó a los chilenos este año y que permitió salvar muchas vidas en las localidades costeras azotadas por los tsunamis, fue la difusión masiva de fenómenos similares ocurridos en otros puntos del planeta como Tailandia o Indonesia, la que nos enseñó que, independientemente de las instrucciones de los organismos técnicos o de las autoridades, el habitante de las localidades costeras debe huir, de inmediato, a lugares más altos una vez ocurrido un sismo de gran intensidad. La difusión masiva de los tsunamis anteriores creó en Chile “la cultura del tsunami” y ayudó a salvar miles de vidas en este terremoto.
3.- En cuanto a la respuesta institucional y social frente a la tragedia, el año 1960, inmediatamente después de ocurrido el primer terremoto, las FF. AA., Carabineros, funcionarios de reparticiones públicas, Bomberos, Defensa Civil y organizaciones comunitarias asumieron sus funciones, socorriendo a las víctimas y velando por la seguridad personal de todas las poblaciones de las áreas geográficas en desgracia, las que, a pesar del dolor causado por la tragedia, pudieron permanecer tranquilas y protegidas de cualquier desmán.
El año 2010, después de la catástrofe, la respuesta institucional se demoró, por lo menos, 72  horas, quebrándose así la larga tradición democrática de entregar a las FF.AA., de inmediato,  las primeras tareas de ayuda a la población, de  velar por la seguridad de las personas y de la propiedad privada, de limpieza y de reconstrucción. Esta inexplicable demora  posibilitó el estallido masivo de saqueos, pillaje, violencia y actos delictivos de todo tipo que nos avergonzaron como nación y que pusieron de manifiesto la grave crisis valórica en la que está sumida nuestra sociedad.
Felizmente, luego del terremoto y posterior tsunami, los sectores mayoritarios de la población chilena condenaron la violencia desatada por las turbas de delincuentes y se organizaron para colaborar con dinero y con trabajo social a las primeras tareas de ayuda a las víctimas.
La ciudad de Cañete fue un ejemplo de organización vecinal para luchar contra los intentos de violencia que se dieron acá y para afrontar las necesidades de abastecimiento de alimentos, de agua potable, de combustibles y de mejoramiento de las vías de comunicaciones con el resto del territorio nacional. 
4.- Finalmente, sobre todo pensando en los sismos ocurridos recientemente, ojalá los chilenos veamos esta tragedia como una oportunidad  de mejorar las fallas dejadas al descubierto por ella en aspectos como:
a.-  el mejoramiento de la calidad de los sistemas de prevención o de alerta temprana frente a estos fenómenos,
b.-el mejoramiento de las exigencias en los sistemas de construcción antisísmica en la construcción de viviendas e infraestructura vial y portuaria
c.- y, tanto o más importante que lo anterior, la reformulación de los Planes y Programas Educativos para mejorar la formación valórica de nuestros jóvenes y el adiestramiento frente a catástrofes como la que nos acaba de asolar.

201060




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