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Cañete, 1939: Cuando los padres decidían que un año más era mejor.

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Por: Gorart Villarroel

La señorita Nelly Rebolledo Andrade, la más baja de estatura del curso, nos contaba en sus últimas visitas a Cañete, que ya había completado el Sexto Año de la educación básica de la época, en 1938.

Sin embargo, permaneció un año más en la escuela por expresa voluntad de sus padres; habiendo obtenido excelentes calificaciones en todas las asignaturas, una situación que hoy podría parecer insólita.

En aquellos años los padres podían solicitar que sus hijos repitieran un curso, aún cuando lo hubiesen aprobado satisfactoriamente si consideraban que todavía no estaban lo suficientemente preparados o maduros para continuar sus estudios, privilegiando la formación y el desarrollo personal por sobre el simple avance académico.

A ello se sumaba una realidad propia de la época: continuar los estudios de Humanidades no era una decisión sencilla para las familias de Cañete. En 1939 aún no existía un liceo en el pueblo, por lo que quienes deseaban seguir estudiando debían trasladarse a establecimientos ubicados en ciudades como Concepción, Angol o Temuco. Esto implicaba gastos, distancia y muchas veces, la separación temprana de los hijos de su entorno familiar, circunstancias que llevaban a algunos padres a ser especialmente cautelosos antes de permitir que continuaran su formación fuera de la comuna.

En ese contexto, repetir un curso no siempre era visto como un fracaso. Para algunas familias representaba una oportunidad adicional de preparación antes de enfrentar el desafío de continuar estudios o incorporarse al mundo laboral lejos del hogar.

Entre las alumnas que aparecen en esta fotografía, Nelly logró identificar a varias de sus compañeras: Erminda Carrasco, Mirna Espinoza, Ernestina Soto, Ana Alacid, Sara López, Graciela Gajardo y Carmen Palacios, entre otras jóvenes que formaron parte de aquella generación de estudiantes cañetinas de 1939.

Nelly Rebolledo Andrade falleció en Santiago en 2024, a la edad de 99 años. Sin embargo, sus recuerdos permanecieron ligados a esta fotografía, permitiendo identificar a varias de sus compañeras y rescatar fragmentos de una época en que la educación, las decisiones familiares y las oportunidades de estudio eran muy distintas a las actuales. Gracias a su testimonio, esta imagen conserva no sólo rostros, sino también parte de las historias que los acompañaron.