En este mundo competitivo, la gente parece ir siempre a la defensiva. Como si de un estado de guerra se tratase, nos relacionamos con los demás desconfiando, buscando siempre dónde está la trampa y preparando todo un arsenal para atacar en caso de cualquier provocación.










































LA HISTORIA SE VIVE Y SE CUENTA EN CADA IMAGEN
UNA IMAGEN, MIL PALABRAS; UN INSTANTE, MIL HISTORIAS

Molino Duhart 1930
A orillas del río Tucapel...
HUELLASDIGITALES
A fines del siglo XIX, cuando se proyectaban los primeros trazados ferroviarios en el sur de Chile, la lógica indicaba que el trayecto más eficiente debía unir Concepción con Cañete, pasando por Arauco y Lebu.
Nadie recuerda exactamente cuándo fue la última vez que lo vimos, pero lo cierto es que ya no está. Se esfumó entre titulares absurdos, normativas contradictorias y discusiones donde el grito pesa más que la razón.
Durante años fue ese aliado silencioso que ayudaba a discernir lo justo de lo exagerado, lo correcto de lo conveniente. No era perfecto, pero solía aparecer justo a tiempo para evitar desastres innecesarios. Hoy, en cambio, reina el ruido, la urgencia de tener la razón y la costumbre de culpar al resto.
Ver el mundo con lucidez es tan difícil como explorar un universo desconocido. No hay brújula, ni certezas. A veces, ni siquiera hay tierra firme, sólo vacío entre pensamiento y sentimiento.
Es lo que me dijo un amigo, un mes después del terremoto del 27/F.
No podía creer lo que escuchaba. Ya había estado en Lebu días después de la tragedia, impactado aún con lo que había visto en el río; pero esa frase me empujó a volver. Había algo que no cuadraba, algo que necesitaba ver de nuevo, pudiendo comprobar que algo peor estaba ocurriendo.