Una tradición de fe: La gruta de la Virgen de Lourdes

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La devoción a la Virgen de Lourdes tiene su origen en Francia, en 1858,

cuando la joven Bernadette Soubirous afirmó haber presenciado una serie de apariciones en una gruta, de la cual brotó un manantial asociado a sanaciones. Con el tiempo, este hecho dio origen a uno de los principales centros de peregrinación del mundo católico.

Esa misma fe habría llegado a Cañete con el paso del tiempo. Según se cuenta entre los cañetinos más antiguos, esta historia se remonta a varias décadas atrás, cuando el propietario del fundo La Granja, ante la grave enfermedad de su esposa, hizo una promesa a la Virgen de Lourdes: si ella sanaba, levantaría un santuario en su honor. Tras su recuperación, se construyó la gruta, y las imágenes allí presentes habrían sido traídas desde Francia.

Por muchos años, en el lugar existió una cruz de madera. En 2005, esta fue reemplazada por otra de mayor altura, recubierta con cristal tipo espejo, pensada para ser vista desde la distancia en el punto exacto donde se emplaza. Esta nueva estructura fue erigida por miembros de la comunidad católica de Cañete.

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Así, cada 8 de diciembre, fieles de la comunidad llegan hasta este sector, tradición que también ha sido mantenida por generaciones de estudiantes, como los del Instituto San José, que peregrinan al inicio del Mes de María. A su vez, en diciembre, la Iglesia Católica de Cañete convoca a sus fieles, dando continuidad a una práctica que une fe, memoria y territorio.

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Distintos nombres… una misma fe y un mismo camino que, con los años, sigue siendo recorrido.