
Lo escrito, escrito está; como dice el viejo dicho.
De una época en que el lenguaje funcionaba de otra manera, con otras formas de decir y entender.
Ahí está Ercilla. Escribió hace siglos y hoy sus versos siguen ahí, grabados en metal, a la vista de todos.
Pero hay una paradoja, al menos como se ve: casi nadie los lee, no porque cueste, porque es gratis; es porque no se entienden.
El lenguaje es lejano, extraño, entonces, más de alguien mira, intenta leer; pero no logra conectar, no porque no haya interés, sino porque el mensaje no llega claro.
En más de veinte años que lleva instalada esta historia, son contadas las personas que se detienen de verdad; algunos levantan la mirada; pero no más de treinta segundos... y siguen. No alcanza a haber encuentro, porque claro está que cada cual lo interpreta a su manera; pero cuando no se entiende la intención, todo queda en la superficie.
Lo histórico: Canto Tercero
“Cuanto la verde plática sentiste,
no solías temer tú como soldado;
mas de buen capitán ahora temiste,
viendo de la manera que has llegado;
vas a precisa muerte condenado,
que como diestro y sabio la entendiste,
peor quieres perder antes la vida
que sea en ti una flaqueza conocida.”
Lo que no se alcanza a entender:
Antes fue valiente como soldado… pero ahora, como jefe, sintió miedo. Aún así, prefirió morir antes que quedar como cobarde. Así, al menos, se deja leer.
Como lo diría un viejo de campo:
“Mire, don… Valdivia… ya se sabía que estaba listo.
No era tonto, tenía claro cómo venía la cosa.
Antes no le hacía el quite a na’, cuando era soldao era firme.
Pero cuando le tocó mandar… ahí se le apretó el alma.
Igual no se echó pa’ atrás.
Porque hay hombres que prefieren morirse derechitos,
antes que quedar como cobardes pa’ la historia.”
En medio de todo esto, siendo estudiantes, muchos tuvimos que detenernos a escuchar, leer e intentar interpretar este relato… ya que cuando la profesora hablaba de los poemas de Ercilla, no siempre se entendía; a veces, apenas. Lo escrito puede quedar para siempre, pero si nadie logra hacerlo propio, se vuelve sólo letra.
Gorart Villarroel
