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Murtilla: el fruto silvestre del sur que ahora también se cultiva

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Hace unos días, conversando con un casero en Cañete, apareció sobre la mesa un fruto que en el sur de Chile tiene historia propia: la murtilla.

Me dijo algo que me llamó la atención. - Esta no es de cerro, me comentó. Es de criadero- y es más grande y más dulce. La frase me dejó pensando.
Durante mucho tiempo la murtilla fue un fruto silvestre, de esos que aparecen entre matorrales y bordes de bosque en el sur de Chile. Crece en forma de arbusto bajo y cuando madura pinta el paisaje con pequeñas esferas rojas, rosadas o amarillentas. Quienes crecimos en esta zona sabemos que encontrar murtillas en verano era casi un pequeño ritual: agacharse, juntar un puñado y probarlas ahí mismo. No eran grandes ni perfectas; pero tenían un aroma que no se olvida.
Con el tiempo, ese fruto que siempre estuvo ligado al campo empezó a despertar interés más allá de la recolección casual. Investigadores, agricultores y emprendedores comenzaron a preguntarse si la murtilla podía cultivarse y mejorarse, de la misma forma en que otros berries chilenos llegaron a convertirse en productos agrícolas.
Así empezó otro capítulo en la historia de esta planta.
A través de programas de investigación y también por iniciativas privadas, se seleccionaron plantas con mejores características: frutos más grandes, más dulces y con producción más uniforme. El resultado es lo que hoy algunos llaman murtilla de cultivo o murta mejorada.
Quien la ve por primera vez nota inmediatamente la diferencia. El fruto es más grande, más parejo y más agradable para comer fresco. La silvestre, en cambio, suele ser más pequeña, a veces más ácida, pero conserva ese perfume intenso que la hace tan característica.
Lo interesante es que, pese a estos avances, la esencia del fruto sigue siendo la misma. La murtilla continúa siendo parte de una tradición que en el sur de Chile lleva generaciones. Con ella se preparan mermeladas, dulces caseros y también uno de los brebajes más conocidos del campo chileno: la murta mezclada con aguardiente, que muchos conocen como “enmutillado”.muti
Ese licor tiene algo de paciencia y algo de memoria. Las murtillas se dejan reposar en el aguardiente, el color se vuelve más profundo y el aroma invade la botella. Luego viene el momento de probarlo, casi siempre acompañado de una conversación larga.
La murtilla, en el fondo, es un ejemplo de cómo un fruto que nació en el bosque puede seguir existiendo entre dos mundos: el silvestre y el cultivado. Uno conserva el sabor del cerro; el otro abre la puerta a nuevas formas de producción; pero ambos siguen contando la  historia de un pequeño fruto del sur que durante siglos ha crecido entre los matorrales y que hoy, poco a poco, empieza a encontrar también su lugar en los huertos.
Cada verano, cuando aparece en las ferias o en manos de algún casero diciendo que "llegó del sur", vuelve a recordarnos que algunas cosas cambian; pero no pierden su raíz.

Por: Gorart Villarroel