Cinco mil dólares por ciudadano adulto: una promesa que pone a conversar el bolsillo, la confianza y las convicciones.
La noticia circula por las redes y llama la atención; cinco mil dólares para cada ciudadano adulto estadounidense si los republicanos conservan la Cámara de Representantes y el Senado. No se trata de un rumor de internet: la propia Casa Blanca difundió la promesa de Donald Trump. Eso confirma el anuncio, aunque todavía no convierte la propuesta en un beneficio aprobado.
Imagine por un momento que usted fuera uno de sus posibles beneficiarios. Quizás antes de pensar en política ya estaría haciendo cuentas: pagar una deuda, reparar la casa o darse esa tranquilidad que lleva tiempo esperando.
Es una propuesta osada por su magnitud y por vincular tan directamente una victoria electoral con un beneficio económico personal.
Hay un detalle que cambia la conversación: según lo anunciado, recibirían el dinero también quienes votaran por la oposición y quienes no fueran a votar. La condición sería el triunfo republicano, no el voto de cada beneficiario. Por eso, alguien podría decir: "No comparto sus ideas, pero ese dinero le vendría muy bien a mi familia".
Vista desde nuestra realidad, la suma puede resultar extraordinaria. Para muchos hogares, una ayuda así significaría resolver problemas concretos. Que el Estado destine recursos directamente a sus ciudadanos tiene un valor que merece considerarse, cualquiera sea el gobernante que lo proponga; pero entre el anuncio y el dinero en el bolsillo todavía hay un camino: la promesa necesitaría aprobación del Congreso para convertirse en un pago efectivo.
También queda la tensión electoral. Un votante puede valorar legítimamente una ayuda para su familia. Al mismo tiempo, es razonable examinar una oferta que hace depender ese alivio de mantener a un partido en el poder.
Habrá quien piense "bienvenido sea"; otro preguntará "¿cumplirá?"; y alguien dirá "mis convicciones pesan más". Incluso las tres reacciones podrían convivir en una misma persona.
Lo osado de la propuesta es que convierte una promesa política en una cuenta que cualquiera puede hacer en su propia casa. El desafío es que, después de contar los votos, también cuadren las cuentas y se cumpla la palabra.
Si una promesa así pudiera aliviar las necesidades de su familia, ¿qué pesaría más al decidir su voto: el beneficio ofrecido, la confianza en que se cumpla o sus convicciones políticas?
Por estas latitudes, una oferta de ese tamaño parece un lujo lejano. Por ahora, nos llega como noticia y nos deja imaginando qué haríamos si también nos tocara.
Por: Gorart Villarroel T.