
Por: Gorart Villarroel T.
Una serie de fotografías tomadas en 2005, que desde entonces circulan por la red, conserva el recuerdo de la llegada de numerosos cisnes de cuello negro al lago Lanalhue. Lo que entonces fue contemplado como un hermoso espectáculo natural estaba relacionado con una grave crisis ambiental ocurrida cientos de kilómetros más al sur.
Quienes recorrieron las riberas del lago Lanalhue durante aquellos meses seguramente recuerdan la escena. Decenas de cisnes de cuello negro se congregaban sobre sus aguas y al emprender el vuelo, formaban una extensa franja blanca en movimiento, levantando pequeñas nubes de agua con el batir de sus alas.
Para muchos fue una aparición inesperada. El lago, conocido desde siempre por su belleza y tranquilidad, parecía haber recibido nuevos habitantes. No todos sabían, sin embargo, que detrás de aquella imagen existía una historia mucho menos hermosa.
Durante 2004, el Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter, ubicado en el río Cruces, cerca de Valdivia, sufrió un profundo deterioro ambiental. El luchecillo, planta acuática que constituía el principal alimento de los cisnes de cuello negro, desapareció casi completamente. Numerosas aves murieron y miles abandonaron el humedal en busca de lugares donde pudieran alimentarse y sobrevivir.
Algunas encontraron refugio en distintos cuerpos de agua del centro-sur de Chile. Entre ellos estaba el lago Lanalhue, cuyas zonas de poca profundidad ofrecían abundante vegetación acuática, tranquilidad y alimento. También existen antecedentes de cisnes procedentes del lago Budi, por lo que no es posible afirmar que todas las aves observadas en Lanalhue hubiesen llegado directamente desde Valdivia.
Lo indudable es que su presencia se hizo especialmente visible durante aquellos años. Lanalhue pasó a convertirse en refugio y para una parte de ellas, también en un nuevo hogar.
La llegada de los cisnes tampoco pasó inadvertida en Cañete. Ambientalistas locales impulsaron una campaña de protección y desplegaron un lienzo en el acceso norte de la ciudad. Más que una simple bienvenida, aquel mensaje buscaba llamar la atención sobre la presencia de unas aves que llegaban en condiciones de vulnerabilidad y cuya permanencia en Lanalhue dependía también del cuidado de la comunidad.
Era una invitación a observarlas y admirarlas, pero principalmente a no perseguirlas, molestarlas ni alterar el refugio que habían encontrado. Aquel lienzo fue una de las primeras expresiones públicas de preocupación por su destino. Mientras las bandadas comenzaban a formar parte del paisaje, algunos habitantes comprendieron que recibirlas significaba también asumir la responsabilidad de protegerlas.
Las fotografías guardan otro detalle particularmente significativo. Entre los cisnes adultos pueden distinguirse ejemplares jóvenes, todavía cubiertos por un plumaje grisáceo. Su presencia demuestra que las aves no solamente encontraron un lugar donde alimentarse: también hallaron condiciones para reproducirse y criar una nueva generación.
En las aguas de Lanalhue nacieron nuevas crías. El lago había dejado de ser una escala momentánea para convertirse en un ambiente donde los cisnes podían establecerse, formar familias y prolongar la vida de la colonia.
Con el paso del tiempo, mientras el humedal del río Cruces iniciaba una lenta recuperación, numerosos cisnes volvieron a congregarse en las cercanías de Valdivia. Otros permanecieron en Lanalhue o continuaron desplazándose entre diferentes lagos y humedales, siguiendo la disponibilidad de alimento, la profundidad de las aguas y las condiciones necesarias para reproducirse.
Por eso, quizás no sea exacto decir que los cisnes simplemente llegaron y después regresaron al lugar desde donde venían. Estas aves no reconocen fronteras; se desplazan hacia lugares donde el agua, el alimento y la tranquilidad les permiten vivir.
Las fotografías tomadas en 2005 conservan el momento en que el lago Lanalhue recibió a unas aves que buscaban refugio y que con el tiempo, trajeron allí una nueva generación.
Lo que a nuestros ojos parecía una escena de extraordinaria belleza era también la consecuencia de un desastre ambiental. Sin embargo, en medio de aquella historia. El lago Lanalhue ofreció una posibilidad de supervivencia: mientras un humedal agonizaba, otro abrió sus aguas para recibir la vida.